1.1.14

En el recuerdo de Concha Carretero



Una de las cosas por las que merece la pena vivir en San Blas, es porque bajando a Abanico o dando un paseo hasta hace pocos años te podías cruzar por la calle con Teodomira Gallardo (Teo), o hasta ayer mismo con Concha Carretero. Teo Gallardo era una viejita menuda y simpática que te saludaba con alegría siempre que la veías. Uno en su ignorancia no sabía entonces cuando compartía un café con ella, que estaba con un mito de la historia del Partido Comunista de España. Uno no intuía que aquella mujer que nunca se permitió un consejo más allá del ánimo, llevaba un currículo encima de años y años de cárcel y de las más viles torturas en su piel. El actual partido del gobierno no solo es heredero de aquellos torturadores, sino que tuvo miembros directos responsables de torturas entre sus fundadores. Fraga muerto de rositas, sin ir más lejos. 




No quiero ajustar cuentas con ellos hoy, mientras escribo recién enterado de la muerte de Concha. No quiero manchar con sus nombres su recuerdo. Lo más patético y sonrojante eran las casas, los humildísimos pisos donde ha vivido quien en otro país tendría calles y plazas a su nombre. Concha Carretero compartió cárcel con las Trece Rosas fusiladas en la tapia del cementerio de La Almudena al terminar la guerra, todas ellas fueron acusadas de trabajar para reorganizar el Partido Comunista y sus juventudes al finalizar la misma. Fueron delatadas y posteriormente torturadas por Roberto Conesa, maestro en el tormento del aún hoy libre Juan Antonio González Pacheco, Billy el niño. Pero me había jurado recordar a Concha Carretero con alegría y no emponzoñar este recuerdo con nombres de mierda. 



Concha se venía a comer con nosotros, interventores y apoderados de Izquierda Unida los días de elecciones. Las jornadas de esa “fiesta de la democracia” que ella y muchos como ella habían luchado por traer, la compartíamos al mediodía en un bar al que ella bajaba para darnos ánimo y compañía, y preguntarnos que como pintaba la cosa. La cosa pintaba mal, como ahora y como siempre porque este barrio obrero sin aceras hasta no hace mucho tiempo tiene una memoria histórica de pez y la misma educación política que mi hija. Aún así era un orgullo y una alegría muy grande darle un beso a concha carretero compartiendo mesa y mantel.

Concha Carretero en la agrupación del PCE de la calle Abanico de su barrio, y recuperada en estos años como memoria histórica viva por quienes luchan porque no se olvide lo que paso hace cuatro días en España. Concha Chamberilera y del Cerro de la Vaca del desarrollismo franquista donde van a parar los obreros que llegan. Flor del pueblo de la que algún día le contaré a Helena que su papa conoció a Concha Carretero.



 Concha.

2 comentarios:

edu dijo...

Gracias. Entradas como estas guardan y difunden la memoria de un PC que nunca debió diluirse en una IU que prescinde de casi todo su bagaje de lucha social e ideológica. V nos vuelve a dar una clase magistral. Feliz año y buenos reyes.

V dijo...

Muchas gracias amigo por tu ánimo constante