4.4.20

Pasaba por aquí...



 En el 85 o 86 me había pasado mi amigo Chema (el que me lo descubrió) Entre Amigos. Creo que fue el primer disco en directo de los muchos que vinieron después de cantautores y rokceros, que a muchos alzaron y lanzaron. No me gustó nada y discutí con él sobre cómo le podía comparar con Serrat. El caso es que me quedé con la copla del tal Aute que si gustaba a un tipo tan inteligente y culto como Chemita, tenía que ser bueno por narices.

Un día entré en El Corte Inglés con mi madre. Casi nunca frecuentábamos el corte, pero a mí me encantaba ir porque siempre le hacía a mi madre bajar al sótano donde tenían la sección de discos, y una vez allí siempre caía algo. Lo que más me llamó la atención fue un vinilo chulo con una pintura, no sabía bien si en éxtasis o sufrimiento (quedaban aproximadamente treinta años para recibirme historiador del Arte), y con una contraportada todavía más guapa con unos tipos la mar de pintones sujetando el propio álbum. El título también acompañaba, aunque en mi supina y prolongadísima ignorancia no sabía a qué aludía. Vamos, creía que era un título original: “20 canciones de amor y un poema desesperado”

Muchas de las canciones que traía  las había visto en la contraportada de Entre amigos pero esto parecía otra cosa. Prometía otra cosa. Así que me lo lleve sin dudar y me lo puse en el viejo tocadiscos mono de casa. Y vaya si lo era. La poesía de los textos y los arreglos completamente diferentes al mal grabado disco en directo, me deslumbraron de inmediato. La música era mucho más moderna y eléctrica. Los instrumentos y la voz cuadraban perfectamente con el texto y me abrían un mundo musical propio y enorme, con todo lo que eso significa para un adolescente. Mi propio mundo.

Entonces me hice súper fan y quise tener todo de Aute, quería ver todos los conciertos de Aute, incluso escribí a Aute y le dejé la carta a la fantástica Natalia Millán a la salida de un concierto en el parque de atracciones. Natalia era por entonces corista del cantante. Nunca se me olvidará el gesto cariñoso de la hoy súper estrella de musicales, guardándose en el bolsillo trasero del vaquero mi carta y besándome. No te preocupes que yo se la doy. Por supuesto que pasado un mes o así me llegó una nota con un dibujo desde la calle de los peñascales. Unas letras entre Eduardo y yo.

Serrat entonces seguía siendo mi preferido, pero los arreglos de sus discos me sonaban la mayoría a siglo XVIII. Además se conjugaba todo esto con un periodo de efervescencia musical y callejera en Madrid, que aunque a punto de acabarse, aún me rozaba lo suficiente para disfrutarlo. Aute había abandonado en los 80 sus reticencias a tocar en directo y así mis amigos y yo, que empezábamos a catar los conciertos como summum de la independencia y el criterio propio, teníamos por delante presentaciones de discos y actuaciones donde gastar el justo para la entrada y un mini de hombres.

El parque de atracciones, el paseo de Camoens, la plaza Mayor, Las Ventas… venues míticas de un tiempo idealizado y desenfrenado en pos de poesía, amistad, amor y libertad. Fueron muchos, muchísimos los concierto de Aute. No saben hasta qué punto me siento privilegiado de haber estado allí, en aquel tiempo. El viejo pabellón del Madrid 89, Ventas 86, Alcalá 93, Castellana 92, el mano a mano con Silvio en las Ventas donde pillé el Set List…


Los críticos le llamaban “renacentista”, “creador total”, “cantante intelectual”, (feísimo calificativo que solo he oído autoproclamarse a Battiato), y otros tantos epítetos referidos a su obra, que como saben también miró bastante al cine y a la poesía. Aute siempre reconoció una cierta tendencia al principio de su carrera a encriptar sus textos, su poesía y sus películas, hacia un campo bastante influenciado por el surrealismo. Al final como todos siempre, Aute empezó porque quería ser Bob Dylan.

Sin embargo con los años declaró que su idea de canción quería aproximarse a Brel y a Gainsbourg. Hacer canciones tan sencillas que apelaran sólo al sentimiento más primario. Al amor. Que intelectuales eran los físicos, los químicos, los doctores…

Una de sus más hermosas canciones, L´amour avec toi, está dedicada a Gainsbourg y en el mismo disco, Slowly, hay una composición dedicada a Brel.

La canción francesa ha sido la principal influencia innegable para todos los llamados cantautores en España. Principalmente para Serrat y en Aute. Sin embargo Aute, y también Sabina, empezaron con un ojo puesto en el rockandroll británico y americano. Anda suelto Satanás es el ejemplo obvio de esta influencia surrealista en la canción.

Pero además Aute evolucionó sus letras hacia la realidad concreta de nuestro país en los años plomizos de la dictadura. Canciones que rayaban la canción protesta con la suficiente ambigüedad y belleza para no hacerlas dogmáticas y, por tanto, sobrevivir en nuestros tiempos como no supieron hacer ninguno de los cantantes y autores que se tiraron a tumba abierta al campo de la canción social, no subiendo o no pudiendo salir con el tiempo de ese pozo.

Aute emergió en los 80 convertido en un fenómeno de masas, capaz de llenar plazas de toros y grandes recintos, como dije al principio. Sin embargo, no fue un cantante cómodo o conformista a la hora de quedarse en un terreno y un campo creativo que le favorecía, y donde pudo adaptarse a los vientos felices de la postmodernidad.

Después de discos súperventas como Cuerpo a cuerpo o Nudo, Aute vuelve a experimentar su propio mundo con una apuesta personal, arriesgada, y casi condenada como Templo. Un disco donde el erotismo, el misticismo y la religiosidad se dan la mano de manera juguetona. Una delicia de inteligencia, cultismos y delicadeza que le hace dimitir de los grandes públicos.

A finales de los 80 y en toda la década de los 90, desencantado de unos políticos con los que llego a ilusionarse, vuelve hacia una temática social y crítica con canciones cada vez más lúcidas, no exentas de humor e ironía hacia la nueva cultura que fomenta el Partido Socialista, la del pelotazo, la riqueza vacua, y la cultura del consumo que se llevaba en España. En Uff o Slowly radicaliza su pensamiento político sin dejar de ser un ácrata y lúcido desencantado pesimista capaz de hacer canciones de amor tremendas como  l’amour avec toi o Jacques.

Luis Eduardo siguió  llenando esos discos de poesía y de las canciones de amor más pasionales que se han escrito en los últimos 30 años en España. Más o menos desde que a Serrat se le seco el pozo de las esencias.

Así avanzó hasta nuestros días. Dando recitales donde, a mi gusto, amansó demasiado los arreglos de unas canciones que con el guitarrista Luis Mendo encontraron el punto perfecto de energía y sensibilidad, y que con Tony Carmona habían vuelto a despuntar, haciendo Inventario de un lenguaje donde nos reconocemos y nos sentimos reflejados en el tiempo. Y donde sentimentalmente disfrutamos de alguien que sabía escribir canciones.  Son una delicia escuchar con nuevos arreglos, una vez más, los autorretratos. El juego que empezó con un doble de éxitos y acabo reinventando gran parte de su obra.

Estamos ante un hombre que nunca se conformó en su carrera, pero que tampoco quiso ir más allá del anonimato que le daba salir a pasear con sus perros por la Fuente del Berro.

La última vez que le vi cantar me recordó a las primeras. La tienen al comienzo del texto. Vallekas 2016. Esta vez con Luis y Alejandro y con la misma alegría de antaño y casi con la misma clandestinidad de las primeras veces, mintiendo para poder ir. Música, miradas en las que reconocerte, canciones en las que vivir, no bebas que te va a dar ganas de mear y verás para volver. Toma joder que nos vamos a morir de sed. Qué rica, voy a por más al chino.

Ahora Aute se marcha y me deja el miedo metido en el cuerpo. El miedo porque empiezo a estar solo de verdad que se da cuando uno se queda sin sus referentes éticos y sentimentales. Me pasó con Cohen y me pasa hoy, además en este encierro y en esta lucha que nos toca baldear.

Aute se acaba y a mí el tiempo de ir a sus conciertos y luego a celebrarlos con los amigos cantando y bebiendo de sus canciones, que es el tiempo para el que de verdad vivimos. Sigo viendo a Chema menos de lo que me gustaría aunque afortunadamente más de lo que le vi durante muchos años. La próxima vez que le vea, brindaré con él y con Pepe Zamborio, entre amigos, por Aute. …y luego al Ámsterdam a que nos hagan un francés.

2.8.17

En recuerdo de Agustín Bustamante

En recuerdo de Agustín Bustamante
Aquello fue un salto adelante o mejor, una huida, antes de saber que estaba huyendo. Aquello fue un intento de resituarme antes de quedar completa y absolutamente desubicado, aquello fue un suicidio y una pérdida de tiempo. Un agujero negro, un nadar ahogado en la orilla. Me quedan Luis Sotillos Serrano y Raul Soto EstebanCarlitos Bahía Torres y pare usted de contar. Y muchos, muchísimos recuerdos difusos de tardes en Cantoblanco escuchando entre otras, la voz de Agustín Bustamante García. Ayer, alguien a quien tenía muchísimo aprecio me dijo por aquí que mi vida era un desperdicio. Aunque lo dijo con afán de insultar, y sin saber nada o muy poco de mí, lo clavó si quiero referirme a aquellos años…
Bustamante entraba sin hacer ruido esquivando gente en el aula y se dirigía a su mesa, colaba su libro y los papeles que luego no utilizaba, y empezaba a hablar muy bajito, muy bajito, mientras el silencio se hacía en el aula de manera irreversible. Una vez consumado el milagro del sigilo poco a poco subía el tono y nos dejaba tres cuartos de hora de poesía, erudición y conocimientos trasmitidos con la pedagogía del que no necesita contar su vida y recibidos con la consciencia de saber que era el poco tiempo donde la universidad sirve para lo que debería servir.
Sus clases eran en el aula la visita del Barcelona, no faltaba un abonado en su localidad y acudían incluso los que pasaban el resto de la temporada en los jardines esperando los playoffs para recopilar apuntes e intentar la clasificación a última hora, sabéis de lo que hablo.
Destacaba además por contraste (también sabéis de lo que hablo) por la comparación ante tanta desidia, tanto estomago agradecido, tanto funcionario, tanta inútil pendiente de su puta plaza sin pretender o tener vocación de ganársela en el aula, aparte de en los despachos o en el examen de oposición. Destacaba en la universidad porque ya conocéis lo que es la universidad y me atrevería a decir que la docencia en general en este país. Una manera de ganarse la vida como el que pone tochos o vende zapatillas, aunque los hay que venden zapatillas y ponen más interés que la mayoría de docentes con los que me he cruzado en la vida. Desde la novia que vivía para firmar en cursos a los que no iba, al catedrático al que aquello de la facultad le suponía unos ingresos altos y seguros, y una pereza insalvable ante tener que bajar media hora (esos no cumplían ni el horario) a ver a esos suicidas que pretendían vivir del Arte.
No era el caso de Bustamante, ya os cuento. No eran así unos cuantos de los trabajaban allí. Bustamante, Pereda, Reyero, Colorado, Roldán, Jesusa… y tampoco el abrasivo y poético Fernando Castro por el que me enterado de la muerte de Agustín. Lo poco que saqué de allí, lo poco que conservo son los apuntes de estos nombres. De Bustamante conservo exactamente todas las palabras. Absolutamente todas las que nos decía en sus clases, chascarrillos y chistes incluidos. Muchas veces pensé en comprarme una grabadora y registrar sus clases. No sé si me hubiera dejado, pero ahora me duele no haberlo intentado.
Cuando pasaba aquel rato yo salía de aquella vida que me parecía prestada, y me metía en un Opel corsa rojo que enfilaba para casa a volver a la alienación de un trabajo en un almacén al día siguiente, y esperar que dieran las tres de la tarde para salir corriendo a casa, ducharme y volver a montarme en el coche rumbo a la autónoma sin comer.
En aquella carrera perdí de todo. El amor, el tiempo, e incluso la dignidad en un camping de Conil. Gane (a la larga, no fue fácil) una amistad eterna con Luis, Raúl y Carlos, un papel donde pone que soy licenciado en no me acuerdo qué, y los recuerdos de las clases mágicas de Agustín y de algún otro. De follar poco o nada. De pedales monumentales unos cuantos porque aún se recuperaba uno bien. Entretanto viví un subcampeonato de liga del club Estudiantes (que tampoco fue moco de pavo), unas cuantas giras memorables de Bob, visitas inolvidables de Fernando Garcin cuando aún venia a tocar y recitar a Madrid.
Tarde mucho tiempo en recuperarme de aquello (para decir la verdad aún ando en ello) y ver para qué servía. Opositar a docente y que me firmaran en cursos a los que no iba a ir para ganar créditos, hacer un máster e intentar prorrogar la juerga… no había muchas más salidas. Así que decidí no coger ninguna y que todo siguiera igual. Me equivoque otra vez, pero eso es otra historia. Muy larga y muy personal, que por supuesto les seguiré contando sin prisa. Hoy solo quería homenajear a Agustín Bustamante. Un tipo del que guardo un recuerdo inmejorable.

14.11.16

En la marcha de Leonard Cohen

Vuelo atravesando el atlántico
el hombre que les arengo contra el capital
se lo gastó todo en amor y merchandaisisng

Supongo que alguien habrá escrito sobre la empatía, mejor digamos la verdad… sobre el cariño y el amor que sentimos por seres que no conocemos. Dicen que Dylan estuvo una semana sin hablar cuando murió Elvis. Muchos de mis amigos y yo mismo nos pusimos una foto de Mohamed Ali en el wassap cuando murió el boxeador. Cuando se fue Moustaki hice lo mismo, cuando falleció Prince… Pero ahora ha sido diferente. Muy diferente. El desgarro que siento ahora mismo no se consuela con ponérmelo en el móvil (que también), el dolor y las ganas de llorar que aun tengo y ahora ya puedo reprimir, hacen que hayan tenido que pasar varios días para poder decir algo sobre la marcha de Leonard Cohen. En los últimos años instintivamente, tengo un referente emocional con el que me comunico cuando lo relacionado con la música me conmueve. Hablo con él porque suele experimentar-sufrir-sentir-profesar los mismos dolores y alegrías cuando estalla la magia o cuando el dolor inmaterial como es el caso, nos desolla el espíritu donde nos hemos forjado. Me dijo que había pasado el día sufriendo por el dolor de la ausencia y por la angustia de no poder compartirlo y expresarlo. Me contó que llegó a decirle a alguien que esa aflicción era mucho más poderosa que si se hubiera ido alguien tangible que llevara sus mismos apellidos más allá de sus más inmediatamente cercanos como es lógico. Yo pasé el día llorando sin poderlo compartir tampoco con nadie. Cuando se te muere un familiar o alguien cercano, te rodeas de familiares o bien acompañas a otros para sentirte y hacer sentir acompañado en el duelo y el dolor. Hubiera querido el viernes evocar conciertos, carreteras, parques, esperas, poesía y música con los míos. Con mis familiares sin lazos de sangre pero con ataduras quizás más fuertes aunque invisibles, ligazones por vía de corazón a corazón con ellos, los mismos invisibles vínculos que me hacían amar a Leonard Cohen.

Hablando ayer con Alejandro García me daba cuenta de que me quedan muy pocos conciertos a los que tenga ilusión por ir, sin Lou y sin Lenny. Porque además, como ya sabéis los conciertos eran viajes, alegría, amor y amistad. El recuerdo de atravesar con Silvia Fernández Vivas Green Park, …It was down by the green lilac park. You held on to me like I was a crucifix, as we went kneeling through the dark… despues de nuestro primer concierto de su vuelta. Su figura levantándose ilusionada y sonriente saludándonos al vernos los primeros en la valla de Lisboa en el 2008, la fotografía en Valencia minutos antes de caer desplomado porque ya venía enfermo a ese concierto y aun así se paró respetuoso para hacerse dos fotografías y después darnos las gracias… él a nosotros. Rafael de Besa y Hanibal en Madrid…

No fue una vuelta de trámite para llenar las arcas la del 2008. Podría haber tocado la cuarta parte de lo que tocaba y todo el mundo se hubiera ido muy contento para su casa. Podría haber girado solo por Europa, podría haberse limitado a tocar los viejos éxitos y no intentar componer nuevo material. Leonard Cohen nos regaló conciertos de tres horas y media con una orquesta perfecta recién formada preparada para la ocasión. Silvie Simmons habla en la mejor biografía publicada hasta el momento, de sus miedos a comienzos del 2008, de su no saber si el público le recordaría, le esperaría, si tendría incluso público aún. Todo eso se disipó ante la locura de nervios para conseguir entradas en los primeros teatros en los que se presentó. El salto a Europa y el hecho de llenar varias veces los estadios más grandes de las principales capitales le acabaron de demostrar que su miedo era nuestra ansia. Nuestra locura desde que en el 2006 se atreviera a sumarse a Ron Sexsmith a cantar So Long Marianne, en una librería de Toronto y empezáramos a especular con que Leonard volviera a dar conciertos. Ya he contado alguna vez mi gatillazo la primera vez que lo vi. En el 88 Aute presentaba Templo en el viejo palacio de los deportes y yo me saque una entrada para ver a uno de los que empezaba a conocer en la música. Aute dio un concierto frio como su recién estrenando disco. Se notaba que la gente no había ido a verle a él y que la figura de la noche vendría después. Yo me quede ya que había pagado la entrada a ver qué pasaba. Pasó que salió un tipo maduro con un traje negro a susurrar canciones. El adolescente que escuchó y que no sabía inglés, no le dio al bardo estrella de la noche más allá de la tercera oportunidad y enfiló la puerta de salida perdiéndose la que ha sido la mejor banda y gira de Leonard Cohen en toda su historia. La vida con mayúsculas me compenso unos meses después reteniéndome en casa un sábado donde pasaban un concierto del tal cohen del que yo había huido poco tiempo antes. Y lo que pasó fue que los subtítulos y la calidad de lo que vi aquella noche, donde además tuve la intuición de meter una cinta virgen al video vhs, me sacudieron tanto el alma como te sacuden el cuerpo los fluidos la primera vez que te masturbas.
Al día siguiente no tardé un minuto en hacerme con una copia de I´m Your Man por el que además cbs había apostado fuerte promocionándolo en televisión y metiendo una hoja con las letras en castellano. Como soy de los que van en serio cuando me gusta algo, no tardé en tener la discografía, los libros de poesía y las novelas publicadas aquí. No tardé en tener cintas piratas de conciertos, no tardé en encomendarle mi vida como a un santo, como hacemos los 5 o 6 que conozco que sentimos lo mismo por la música.

En el 93 volví al palacio siendo plenamente consciente ya de lo que iba a ver y disfrutándolo como un loco. Aun no tenía edad para coger carretera y manta y pirarme a seguirle por España… Miento. Si la tenía. De hecho eso hice con el otro componente de la santísima trinidad que queda vivo. Pero ahora estaba hablando de Lenny…

Los años fueron pasando sin volver a ver a Leonard Cohen en directo. Siendo pesimistas cada vez más sabiendo que lo del monasterio iba en serio y que entre depresiones, preguntas a la vida que solo algunos hombres se hacen y necesidad quizás de esa disciplina militar que imponía Mount Baldy, no íbamos a tener más Leonard.

El maravilloso Libro del anhelo = Book of Longing, nos subsanaba vagamente la ausencia de su música, aunque el poemario (quizás mi libro de poesía favorito de todos los tiempos) nos dejaba algunas pistas de sintetizadores y canciones entre paseos a las 4 de la mañana en sandalias sobre la nieve. Ten New Songs nos sorprende abriendo el siglo y nos viene de nuevo a reclamar muchísima atención con canciones que son una novela de 10 líneas. No se puede escribir mejor, no se pueden describir mejor los sentimientos con una voz y unos instrumentos cada vez más austeros y concisos.
Se suceden discos, se suceden recopilaciones, se sucede el mismo libro de Alberto Manzano una y otra vez. Y no sabemos donde esta Leonard pero Leonard siempre ha estado conmigo todos estos años. Siempre acompañándome de una manera que es difícil de explicar como decía al principio.
Los años pasaron escuchándole hasta que la innombrable giró el destino de los acontecimientos y milagrosamente puso a Cohen otra vez en la carretera. Me recuerdo camino de Toledo yendo a llevar al Kuratti el primer pirata que había salido de la gira. Era en un teatro de Canadá. Me recuerdo oyendo aquel horrible arreglo casi salsero de So Long Marianne que rectificó a los pocos días. Me recuerdo con mi amigo haciendo planes de ir a ver a Cohen a donde sea y cueste lo que cueste. Así lo hicimos, así lo seguimos haciendo. La gira cogió dimensiones monstruosas porque éramos mucho por lo visto los anhelantes. La gira nos dio la oportunidad de viajar y de esperarle en nuestras ciudades o muy cerca. De conocer a más gente. De hacer un foro de referencia en español. Debe haber, debe haber nadie en el mundo capaz de ponerte el alma a los pies de los caballos cuantas veces lo has visto tocando prácticamente el mismo concierto una y otra vez. Alguien capaz de mantenerte esa concentración, ese disfrute, ese viaje a la dimensión sublime de la poesía mayor. Debe haber nadie en el rock que de conciertos de arte grande cada vez que pisa el escenario y no tengas la sensación de que estás viendo a un entreteirment sin más.

No sabemos cuando volveremos a pasar por aquí, así que vamos a darlo todo... Decia Leonard al comenzar los conciertos de su última gira. Y vaya si era verdad, vaya si lo daba todo.
El cantante más moderno de occidente, el que conectaba con oriente con nuestra bárbara civilización, el mundo antiguo con la modernidad, la austeridad con la elegancia, lo universal con el banco del parque de debajo de tu casa, la religión con el sexo, el apocalipsis con la educación… Leonard Cohen. Descansa en paz Leonard. Y gracias por tanto tanto tanto…

4.7.16

10 años. IV y final



TIEMPO DENTRO DE LA MENTE


Valentín y yo tenemos un argumento recurrente cuando nos ponemos a ver quién tiene la polla más gorda. Yo le digo que si quiere mi Time Out Of Mind es suyo por 500. Él me responde que me da su tour book del Devils and Dust firmado por Bruce y su Revolver firmado por los Fab Four por el TOOM y la módica suma añadida de mil lulis. Tan valioso artefacto corresponde a la referencia COL 486936 1, una corta tirada en vinilo holandesa de 1997 de la suprema obra postrera de Dylan. Soy orgulloso poseedor de un ejemplar que de vez en cuando me entretengo en mirar, oler y acariciar, me fotografío con él y se lo envío a mi compadre como pieza de una polifonía pornográfica. Valentín me envía de tarde en tarde enlaces a eBay o a discogs con ofertas a buen precio de alguna de estas ricas piezas. Quiere que mi pericia discófila le asegure que el cacharro es el de verdad, no un trampantojo del codiciado TOOM. Porque la cosa es que creo que lo tiene un par de veces en vinilo, una un auténtico desliz, una copia mala de vinilo rojo pirata culpa del Sanders y -ésta sí que merece la pena- la reedición de Music On Vinyl que salió hace poco. Y seguramente ni lo haya pinchado, porque esto de lo que va no es de escucharlo, sino de tenerlo. Sin ir más lejos, escribo esto oyendo Time Out Of Mind con mi rutilante cuenta de Spotify, cuando cuento con, al menos, cuatro ejemplares físicos del disco de marras. Mientras tanto, mi preciado COL 486936 1 duerme en la estantería plácidamente a la espera de otra foto.

El otro día me envió Valentín un correo con un enlace a discogs donde se podía adquirir por la módica cantidad de 64 euros un ejemplar de la edición holandesa del 97. Eso es tirado en comparación con las enormes sumas que se pagan por el susodicho, devaluado acaso por la reedición de MOV en 180 gramos. Le di mi visto bueno y supongo que ya se habrá puesto en contacto con el guiri para conseguirlo. Igual hasta ya lo tiene en casa. Sin embargo, tanto él como yo sabemos que eso no cambia nada. Ciertamente, mi TOOM simboliza con su valor sentimental mucho más de lo que cualquier mercado discófilo de primera puede apenas atisbar. Mi TOOM simboliza dos vidas en una, la que he pasado con Valentín Calderón y la que no. Si hay algo que me jode en la vida es haber estado en los mismos conciertos sin conocerle, Mérida 93, Cartagena 95, Málaga 99, Motril 2004, y no sólo de Bob, la gira de Ecstasy de Lou, por ejemplo. Eso es lo que me jode, no haber podido vivir esos momentos fundacionales junto a él, al contrario, recuperar la carretera con él en el momento menos atractivo para la vida del fan. Sin embargo, la vivencia de todos estos conciertos del 2008 para acá es más viva porque forjan en mi mente lo mismo que escuchar ahora mismo ‘Standing in the Doorway’, un tiempo férreo y memorial que crea una realidad alternativa donde mi experiencia estética y sensible está más viva porque él está ahí al otro lado. Pare, aunque te pilles el TOOM del guiri te sigo dejando por 500 el mío. Y el Revolver además.


Antonio Curado







29.6.16

Diez años III

Itaca descansa,
Y ya no busca extinguidos viajeros.
Pedaleo de base, ritmo.
Crujir de canillas que no conducen ya,
Ni a abismos ni pedregosas tierras.
Trigo y amapola en el campo raso,
A veces salpicados por un árbol.
Amojonamientos vivos y desperdicios,
En medio de vías pecuarias sin destino.
Y tras el mar verde, rojo y amarillo,
Una colina aguarda una cueva,
Donde conchas, piedras, palos y ladrillos,
Florescen la Musa desvestida del final de la Historia.
10 años que de nada van y con nada vuelan.
10 años postergando el arranque del guerrero.
Vuelta e ida
De esta vida,
Que nonata de enseres,
Busca la piedra más bella de la cueva.
Esa que hace que...
Megustarianoverdosveceselmismositio.

Luis Sotillos

17.6.16

10 años II