Tarde como me doy cuenta yo de todo, compruebo que he ido
tirando a la basura posibles contactos importantes. Es decir, conocidos de
veladas varias con posibles, empresas, dinero, mafias, o más conexiones, que es
a lo que aspiran todos estos que van con la agenda por tesoro. En realidad me
daba cuenta cuando les mandaba al carajo o dejaba de frecuentarlos, no quizás
tanto por integridad moral sino por vagancia y pereza de no tener nada con
quien no me apetece. Un amigo es ese que te llama y aunque no tengas ganas de
salir, te calas un sombrero y sales, y también ese con la confianza para
decirte, que si no tienes ganas no lo hagas y nos vemos mañana.
Admiro a amigos con ese don de gentes capaz de soportar una
agenda parcelada casi por provincias, tipo Toni Kuratti. Ojo que no es Kuratti
de los que acabo de decirles, si no todo lo contrario. Su bonhomía lo hace
confiar, querer y apreciar a todo el mundo, y como todo el mundo se suele dar
cuenta, le suelen corresponder. Le correspondemos.
Otra cosa son los de la agenda parcelada por oficios, mejor
dicho por intereses en base a futuras componendas. De estos últimos son los que
me faltarían a mí en estos momentos en que veo cubrirse el cielo de marrón-negro-gris-marengo-mierda.
Quizás tendría que haber seguido viendo a fulano o mengano.
Aunque la verdad, el hecho de no verlos, de haber decidido prescindir de
ellos, me reconforta ahora que llega una de esas ocasiones en que hay que poner
el contador a cero. No suelo, no soy (es seguro) ejemplo para nadie. De casi
ninguna cosa. He gastado el dinero persiguiendo a Bob Dylan por el mundo, patrimonio
intangible del que dice Iriarte “Que nos quiten lo bailao” y razón tiene. Más
de cien noches viendo el sudor resbalar por la nariz del músico popular más
importante de la historia, no es tenerla más larga que nadie, pero como me
recuerdan los Jinetes en el Wassp Group, es un privilegio de una enormidad del
que solo nos daremos cuenta cuanto falte. Buenas son esas noches si además se
acompañaron de amistad, del vicio justo, de un recuerdo de esos amigos otra vez
a los que me gustaría volver a aferrarme, aunque este post no vaya de ellos.
