14.11.16

En la marcha de Leonard Cohen

Vuelo atravesando el atlántico
el hombre que les arengo contra el capital
se lo gastó todo en amor y merchandaisisng

Supongo que alguien habrá escrito sobre la empatía, mejor digamos la verdad… sobre el cariño y el amor que sentimos por seres que no conocemos. Dicen que Dylan estuvo una semana sin hablar cuando murió Elvis. Muchos de mis amigos y yo mismo nos pusimos una foto de Mohamed Ali en el wassap cuando murió el boxeador. Cuando se fue Moustaki hice lo mismo, cuando falleció Prince… Pero ahora ha sido diferente. Muy diferente. El desgarro que siento ahora mismo no se consuela con ponérmelo en el móvil (que también), el dolor y las ganas de llorar que aun tengo y ahora ya puedo reprimir, hacen que hayan tenido que pasar varios días para poder decir algo sobre la marcha de Leonard Cohen. En los últimos años instintivamente, tengo un referente emocional con el que me comunico cuando lo relacionado con la música me conmueve. Hablo con él porque suele experimentar-sufrir-sentir-profesar los mismos dolores y alegrías cuando estalla la magia o cuando el dolor inmaterial como es el caso, nos desolla el espíritu donde nos hemos forjado. Me dijo que había pasado el día sufriendo por el dolor de la ausencia y por la angustia de no poder compartirlo y expresarlo. Me contó que llegó a decirle a alguien que esa aflicción era mucho más poderosa que si se hubiera ido alguien tangible que llevara sus mismos apellidos más allá de sus más inmediatamente cercanos como es lógico. Yo pasé el día llorando sin poderlo compartir tampoco con nadie. Cuando se te muere un familiar o alguien cercano, te rodeas de familiares o bien acompañas a otros para sentirte y hacer sentir acompañado en el duelo y el dolor. Hubiera querido el viernes evocar conciertos, carreteras, parques, esperas, poesía y música con los míos. Con mis familiares sin lazos de sangre pero con ataduras quizás más fuertes aunque invisibles, ligazones por vía de corazón a corazón con ellos, los mismos invisibles vínculos que me hacían amar a Leonard Cohen.

Hablando ayer con Alejandro García me daba cuenta de que me quedan muy pocos conciertos a los que tenga ilusión por ir, sin Lou y sin Lenny. Porque además, como ya sabéis los conciertos eran viajes, alegría, amor y amistad. El recuerdo de atravesar con Silvia Fernández Vivas Green Park, …It was down by the green lilac park. You held on to me like I was a crucifix, as we went kneeling through the dark… despues de nuestro primer concierto de su vuelta. Su figura levantándose ilusionada y sonriente saludándonos al vernos los primeros en la valla de Lisboa en el 2008, la fotografía en Valencia minutos antes de caer desplomado porque ya venía enfermo a ese concierto y aun así se paró respetuoso para hacerse dos fotografías y después darnos las gracias… él a nosotros. Rafael de Besa y Hanibal en Madrid…

No fue una vuelta de trámite para llenar las arcas la del 2008. Podría haber tocado la cuarta parte de lo que tocaba y todo el mundo se hubiera ido muy contento para su casa. Podría haber girado solo por Europa, podría haberse limitado a tocar los viejos éxitos y no intentar componer nuevo material. Leonard Cohen nos regaló conciertos de tres horas y media con una orquesta perfecta recién formada preparada para la ocasión. Silvie Simmons habla en la mejor biografía publicada hasta el momento, de sus miedos a comienzos del 2008, de su no saber si el público le recordaría, le esperaría, si tendría incluso público aún. Todo eso se disipó ante la locura de nervios para conseguir entradas en los primeros teatros en los que se presentó. El salto a Europa y el hecho de llenar varias veces los estadios más grandes de las principales capitales le acabaron de demostrar que su miedo era nuestra ansia. Nuestra locura desde que en el 2006 se atreviera a sumarse a Ron Sexsmith a cantar So Long Marianne, en una librería de Toronto y empezáramos a especular con que Leonard volviera a dar conciertos. Ya he contado alguna vez mi gatillazo la primera vez que lo vi. En el 88 Aute presentaba Templo en el viejo palacio de los deportes y yo me saque una entrada para ver a uno de los que empezaba a conocer en la música. Aute dio un concierto frio como su recién estrenando disco. Se notaba que la gente no había ido a verle a él y que la figura de la noche vendría después. Yo me quede ya que había pagado la entrada a ver qué pasaba. Pasó que salió un tipo maduro con un traje negro a susurrar canciones. El adolescente que escuchó y que no sabía inglés, no le dio al bardo estrella de la noche más allá de la tercera oportunidad y enfiló la puerta de salida perdiéndose la que ha sido la mejor banda y gira de Leonard Cohen en toda su historia. La vida con mayúsculas me compenso unos meses después reteniéndome en casa un sábado donde pasaban un concierto del tal cohen del que yo había huido poco tiempo antes. Y lo que pasó fue que los subtítulos y la calidad de lo que vi aquella noche, donde además tuve la intuición de meter una cinta virgen al video vhs, me sacudieron tanto el alma como te sacuden el cuerpo los fluidos la primera vez que te masturbas.
Al día siguiente no tardé un minuto en hacerme con una copia de I´m Your Man por el que además cbs había apostado fuerte promocionándolo en televisión y metiendo una hoja con las letras en castellano. Como soy de los que van en serio cuando me gusta algo, no tardé en tener la discografía, los libros de poesía y las novelas publicadas aquí. No tardé en tener cintas piratas de conciertos, no tardé en encomendarle mi vida como a un santo, como hacemos los 5 o 6 que conozco que sentimos lo mismo por la música.

En el 93 volví al palacio siendo plenamente consciente ya de lo que iba a ver y disfrutándolo como un loco. Aun no tenía edad para coger carretera y manta y pirarme a seguirle por España… Miento. Si la tenía. De hecho eso hice con el otro componente de la santísima trinidad que queda vivo. Pero ahora estaba hablando de Lenny…

Los años fueron pasando sin volver a ver a Leonard Cohen en directo. Siendo pesimistas cada vez más sabiendo que lo del monasterio iba en serio y que entre depresiones, preguntas a la vida que solo algunos hombres se hacen y necesidad quizás de esa disciplina militar que imponía Mount Baldy, no íbamos a tener más Leonard.

El maravilloso Libro del anhelo = Book of Longing, nos subsanaba vagamente la ausencia de su música, aunque el poemario (quizás mi libro de poesía favorito de todos los tiempos) nos dejaba algunas pistas de sintetizadores y canciones entre paseos a las 4 de la mañana en sandalias sobre la nieve. Ten New Songs nos sorprende abriendo el siglo y nos viene de nuevo a reclamar muchísima atención con canciones que son una novela de 10 líneas. No se puede escribir mejor, no se pueden describir mejor los sentimientos con una voz y unos instrumentos cada vez más austeros y concisos.
Se suceden discos, se suceden recopilaciones, se sucede el mismo libro de Alberto Manzano una y otra vez. Y no sabemos donde esta Leonard pero Leonard siempre ha estado conmigo todos estos años. Siempre acompañándome de una manera que es difícil de explicar como decía al principio.
Los años pasaron escuchándole hasta que la innombrable giró el destino de los acontecimientos y milagrosamente puso a Cohen otra vez en la carretera. Me recuerdo camino de Toledo yendo a llevar al Kuratti el primer pirata que había salido de la gira. Era en un teatro de Canadá. Me recuerdo oyendo aquel horrible arreglo casi salsero de So Long Marianne que rectificó a los pocos días. Me recuerdo con mi amigo haciendo planes de ir a ver a Cohen a donde sea y cueste lo que cueste. Así lo hicimos, así lo seguimos haciendo. La gira cogió dimensiones monstruosas porque éramos mucho por lo visto los anhelantes. La gira nos dio la oportunidad de viajar y de esperarle en nuestras ciudades o muy cerca. De conocer a más gente. De hacer un foro de referencia en español. Debe haber, debe haber nadie en el mundo capaz de ponerte el alma a los pies de los caballos cuantas veces lo has visto tocando prácticamente el mismo concierto una y otra vez. Alguien capaz de mantenerte esa concentración, ese disfrute, ese viaje a la dimensión sublime de la poesía mayor. Debe haber nadie en el rock que de conciertos de arte grande cada vez que pisa el escenario y no tengas la sensación de que estás viendo a un entreteirment sin más.

No sabemos cuando volveremos a pasar por aquí, así que vamos a darlo todo... Decia Leonard al comenzar los conciertos de su última gira. Y vaya si era verdad, vaya si lo daba todo.
El cantante más moderno de occidente, el que conectaba con oriente con nuestra bárbara civilización, el mundo antiguo con la modernidad, la austeridad con la elegancia, lo universal con el banco del parque de debajo de tu casa, la religión con el sexo, el apocalipsis con la educación… Leonard Cohen. Descansa en paz Leonard. Y gracias por tanto tanto tanto…

1 comentario:

Kuratto dijo...

No puedo decirte nada, sólo sé que hemos viajado ya demasiado en pos de la belleza, y esto va en el bagaje. Fíjate cuando el show de Lisboa, que coincidía por allí con Lou y Berlin, tanto y ahora tan poco. Ahora me entretengo mirando el maravilloso tour book del 2012, joder, demasiada intensidad Pare. Y una cosa que no hemos hablado después, que lo dice todo de él, ¿te acuerdas la primera vez que vimos el número de If It Be Your Will cantada por las diosas del Olimpo Charley y Hattie Webb? Cómo se colocaba a un lado del escenario, inmóvil, sombrero quitado, en silencio reverencial ante sus propias palabras, un salmo, una oda, una elegía a lo divino. Pare, se va y nos damos cuenta de lo vano de la vida, de la velocidad de esto...