16.3.09






Lo de menos es la vida del hombre. También trasciende el plano bidimensional, como se pueden imaginar. Se había pintado el campo, también la noche, los pueblos iluminados, las torres...

Una prueba de que se va más allá de ese simple debate, es que lo he visto apuntado con varios “Ismos”. Impresionismo, Post-impresionismo, Expresionismo... Incluso con simpleces que van más lejos aún del afán humano por calificar, etiquetar y clasificar... “Van Gogh es Van Gogh” he escuchado en ese esfuerzo inútil de tenerlo todo controlado.

Nada hay más inútil en la Historia del Arte que tener un catálogo de nombres y fechas en la cabeza. Nada más inapetente que aprenderse las obras cual tabla de multiplicar. Sin embargo, una de las ventajas de habitar este siglo es que ya se ha construido un discurso. Se ha ido elaborando desde el mismo día de la muerte del artista, como suele pasar, y llega hasta hoy para que lo sigamos o no. Indudablemente el discurso oficial es el camino que tienes que empezar a andar cuando quieres estudiar una figura o una obra. Luego puedes prescindir de él o apartarte cuando creas que tienes base para seguir investigando al margen si descubres el atisbo de otra vereda intransitada. Gracias a que vivimos este tiempo y a que el discurso está formado, podemos viajar a ver alardes como los que pintó Vincent Van Gogh.

La exposición “Van Gogh y Los Colores de la Noche” nos muestra un discurso oficial perfectamente construido y muy atractivo, a la manera de cómo se maneja el Arte hoy en día. El reclamo es “la madre de todos los reclamos”. El cuadro más famoso del mundo. Y la muestra está perfectamente organizada, tanto en la exposición de los cuadros, como en los accesos, cartelas, paneles explicativos, audio-guías gratuitas, etc. Pero lo que es más importante, la exposición tiene la fuerza que tiene que tener un lance de altos vuelos. Obras que la den sentido. Cuadros que tengan que ver con la excusa de la muestra y discurso coherente que interprete lo que te está enseñando. Eso es “Van Gogh y Los Colores de la Noche”. Un paseo por los sueños y los anhelos de un hombre enfermo. Un ser dañado de soledad e incomprensión, violento y bebedor, que en la inseguridad de no saber pintar, no aportó nada a la Historia del Arte. No la llevó más allá de donde ya andaba. Ni a la abstracción plástica ni al discurso estético que todo lo acaba y, sin embargo, fue capaz de montar el alegato poético más potente de toda esa historia. El que te agarra del corazón y las entrañas sin más anclaje que tus sentimientos puestos en el barranco de lo sublime sin Kant que te ampare, ni estética que te aguante.

Sólo con la materia más brillante y poderosa rebosando, saliendo en las espirales de la noche o surgiendo de las flores, como si la sala en la que estás fuera de repente el campo de Auvers-sur-Oise. Sólo con la pintura y su defenestrada imaginación agujereada de sentimientos y dolores de cabeza fue capaz de armar un discurso eterno de poesía que escapa de la realidad hacia la emoción y los sentimientos, capaz de calar en millones de personas de todo el mundo.

“Noche Estrellada” se empieza a pintar sobre una cuadricula que Vincent abandona cuando su imaginación abandona la idea preconcebida. Agranda los huecos que deja originalmente para las estrellas, hace crecer la luna en espirales hacia el infinito, aumenta los contrastes dando más oscuridad a los cipreses y añade más luz a la iluminación de las casas. El remolino está retocado porque el pintor reflexiona sobre la importancia que está tomando la composición. La espiral viene y va entre pinceladas gruesas, anclando la composición al cielo así como los cipreses la anclan a la tierra.

Empeñado en querer pintar la realidad, en esta exposición vemos cómo el tema de la noche y sus intentos de abordarla le descolocaba siempre. En “Noche estrellada” transforma la vista nocturna en un acontecimiento cósmico donde las estrellas tienen apariencia de cometas que giran vertiginosamente y el pueblo de Arles emerge tras los cipreses cual fantástica visión. Las montañas que rodean el pueblo son subrayadas con ondulaciones de amarillos como si fuera un horizonte cercano, donde empezara el infinito. O al menos el anhelo de infinito, la intensidad total, los cipreses que medían entre la tierra y el cielo, lenguas de llama oscura que penetran en el cielo. Árboles severos que se dan al baile entre el viento. Sobre el horizonte, una estrella luminosa que apaga la franja justamente debajo. Montañas de perfiles biomorfos que serpentean como olas donde no existe el mar, sólo tierra y fuego.



Entre casas de locos y crisis místicas, la violencia se desata en los lienzos, la velocidad del que quiere detener el tiempo en el límite de lo visible. La nebulosa se enciende en espiral, la luna naranja es a la vez sol. La aguja de la iglesia, perfil en negro en el fondo del pueblo. Sin perspectiva encima las capas de cielo, las estrellas de núcleo de coral, el horizonte eterno.



Todo esto está en Ámsterdam a estas horas. Este cuadro y otros de la magnífica colección del Van Gogh Museum. Un museo donde perderse durante horas, tomarte un café en una taza pintada de noche estrellada y volver a pasear viendo la colección permanente. La impresionante colección de un pintor que murió en la miseria cuando la miseria era miseria y la soledad era soledad.



Esto he visto en Ámsterdam en dos sesiones placenteras de paseo. En la primera, con más nervios a la entrada que cuando voy a un concierto, salí conmovido como hacía meses que no salía de ningún sitio. De la segunda salí extasiado. Feliz de vivir en este tiempo y tener la oportunidad de ver algo de verdadera belleza entre tanto infundio y tanta basura. Algo por lo que merece la pena vivir. Estar con quien quieres y buscar y cruzarte alguna vez con lo sublime.



Luego tienen las bicis, las putas, los porros...



Yo me he ensimismado de cuadros, poesía y amor.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

te imagino allí y me das sana envidia hermano. tenemos que hablar de ello a tu vuelta, te invito a comer donde te de la gana y me lo cuentas como sólo tú sabes contarlo, un abrazo, hermoso y otro para tu reportera

Raúl Barrabaso

trentoirredento dijo...

Venga.