
La acción del cuadro transcurre en un atrio y lo que vemos
se ajusta a lo que nos contó Aurelio Prudencio sobre la pasión del martirio.
San Lorenzo, como culto, se pone de moda en el S. XVI. La vida del santo es una
vida de casa y los santos del XVI, serán sacerdotes, frailes... Esto no ocurre porque
si, en este siglo empieza una crítica demoledora y devastadora contra los
desmanes de la propia iglesia. El clero regular y el irregular se enfrentaran
en luchas de poder intestinas de las que Lutero saldrá vencedor dinamitando la
estructura jerárquica de la iglesia. Al principio, lo único que pedía seria que
la biblia se pudiera leer en lengua vernácula para que todo el mundo pudiera
comprenderla. A la iglesia no le convendrá que los fieles lean las historias de
pobreza y austeridad de sus fundadores. El cisma se hace inevitable. Una parte
inteligente de la jerarquía católica, decidirá salvar los muebles. Salvar el
orden de la iglesia es salvar los principios de jerarquía. En este contexto el
culto a los santos que estén ordenados, jugara un nuevo papel, un papel importantísimo.
En el XVI se producirá una avalancha de culto a los santos ordenados. Solo se
escapara San Isidro Labrador, pintoresco cuanto menos, el castizo. A partir de
entonces solo se santifican monjas y curas.
San Lorenzo es un Diacono (jerarca de la iglesia), su vida
se dedica a la organización de está, a administrar sus bienes y sus bienes son
los pobres. Lorenzo repartirá toda la recaudación de la iglesia entre ellos.
Como veíamos antes, esta es una de las razones por las que se potencia su ministerio,
su jerarquía y popularidad en la iglesia. La iglesia ante la reforma Luterana
que se le echa encima como un huracán, potenciara su labor caritativa y
misericordiosa con este tipo de santos pobres, como se dice la propia iglesia.
Demasiado tarde será.
Cuando el emperador le pide al Santo los bienes que lleva,
este le contestara que se espere y al poco tiempo aparecerá con los pobres. -
Estos son mis bienes. El emperador le martirizara. El cuadro nos resalta... 1º
Orden sacerdotal, 2º La predicación por castas, 3º La riqueza de la iglesia.
Esto en Venecia es importantísimo, todavía hoy el patriarca es allí la máxima
autoridad eclesial, por encima del Papa. La iglesia está cercada por el turco
al sur y por la reforma al norte de los Alpes. Es la misma Venecia donde el
Obispo de Vicenza, Aquino, terminara siendo juzgado por hereje. Todo esto
explica la iconografía de este cuadro. El florecer del culto a San Lorenzo.
Santo valiente y austero aguantara valiente que le asen a la parrilla y cuando
este ya quemado... avisara para que le den la vuelta por el otro.
La genialidad de Tiziano esta en el tratamiento de la
escena. No desplaza el martirio ni lo inventa. El elemento clave es Asar"
a un hombre y así se pinta y se representa la escena. ¿Y cómo se representa a
un hombre o a un animal asado? jugando con el factor fuego, y para potenciar la
escena... presentándola bajo un cielo nocturno. Así el dramatismo y la
grandiosidad se multiplicaran al infinito en una obra eterna. Hasta entonces,
solo Corregio y Rafael de Urbino se habían atrevido con escenas de noche. Para
acentuar aun más el dramatismo, el cielo esta encapotado. En él se produce un
rompimiento y la luna es rasgada (como muchos años después la rasgaría el mago
sordo Luis Buñuel) por las nubes. La escena por tanto se desarrolla a golpe de
efectos, el pintor juega al alarde, a la contra. 1º el efecto de la hoguera, ahí
se juntan parrilla y víctima. El efecto del fuego provoca una iluminación
"De Soto In Su" (que diría el genial Agustín Bustamante García) 2º A
esos efectos de iluminación, se suman los de las teas que están ardiendo y a
las cuales agita el viento, creando iluminaciones puntuales en zonas de
penumbra aisladas, que te echan para atrás de pavor. 3º El momento histórico en
el que Tiziano ambienta la escena es el Imperio Romano. Sayones y arquitecturas
clásicas nos trasladan allí.
Un esbirro agita el fuego, otro sujeta al mártir, otros
hombres se recrean en la acción y participan de ella. Los ángeles presiden, quizás
evitando que el santo sufra los tormentos del fuego. Este a su vez gesticula en
un escorzo espectacular, buscando la posición contraria a la que tiene por qué
esa ya la tiene quemada. Todo le da igual, todo está en manos de Dios. El
escorzo y el dominio clásico del cuerpo del que hace alarde el pintor
veneciano, solo pueden ser comparados al dominio anatómico de Miguel Ángel. El
escorzo de la colosal figura, no cuadra con un sacerdote, es la configuración
del Héroe Cristiano lo que estamos viendo. Es la configuración de un mito martirologio.
El brillo del reflejo del fuego se recrea en las armaduras de los soldados
romanos, mostrándonos que este cuadro para poder disfrutarse mínimamente, puede
exigir de 20 a 30 minutos de observación.