24.4.10

Entrañable Samaranch

Al funeral de Delibes no pudo ir porque se dirigía al Gran Premio de Fórmula Uno de Barhein a “apoyar” al piloto Fernando Alonso en el estreno en su nueva escudería de Ferrari.

Al entierro de este, fueron todos.





Hace apenas 9 años, cuando tenía 80 años de edad y preguntado por su valoración del franquismo, después de emitir las críticas triviales que son de rigor, admitió la posibilidad de mirarlo desde una perspectiva positiva. Mirado así, él que consideraba las Olimpíadas de 1992 como el gran acontecimiento de toda la historia de Barcelona señaló tres puntos centrales y positivos. El primero: Franco había designado como jefe de Estado a Juan Carlos I de Borbón y comentó el señor Samaranch, con esa designación, y con la Monarquía que representaba el designado, el acuerdo era unívoco. Segundo punto: Franco, el general golpista, el corresponsable de la matanza de Gernika, había evitado la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial. Ninguna referencia a la División Azul ni a los españoles asesinados en campo de exterminios. Tercer aspecto destacado: Franco y el franquismo habían permitido la consolidación de una clase media que había impedido, e impediría en el futuro, la irrupción de nuevas guerras civiles en nuestro país.

18.3.10

Mis padres eran extremeños. Una de las cosas más feas que, yo creía se podía ser. Yo decía que era de Madrid, nunca me reconocí como extremeño, nunca, hasta que me hice mayor. Extremadura era para mí una pesadilla en el verano cuando me arrancaban de jugar con mis amigos, y me metían en el coche de uno de los hermanos de mi madre durante tropecientas horas.

Aquel viaje era una pesadilla. Caravana, puertos, curvas… Podía durar ocho horas en un ochocientos cincuenta con seis ocupantes. Al llegar allí de noche, descubrías que no tenías cama y que tenías que dormir bien con tus padres, bien con tus primos. Un mínimo de tres por cama, y así durante un mes. Volver a estar sin agua como en la casa del barrio Bilbao, y pegarte caminatas por cuestas para casi todo. Para ir a por el pan, para ir a la piscina, para ir a ver a la tía de tu madre que no te conoce… a todos los niños les gusta el pueblo. Hacen amigos que hablan raro, van al campo como si fuera la selva y los abuelos les dan veinte duros. Yo odiaba ese pueblo donde tenía que estar todo el día rodeado de primos, tías, y gente que no conocía de nada. Una pesadilla. Aquello no solía durar mucho porque mi madre se ponía siempre mala por el calor y las cuestas, y tocaba regresar a Madrid y pasarse unos días en la Concha.


Pasaron muchos años hasta que volví a Extremadura por voluntad propia. Mucho tiempo hasta que me di cuenta de que era Extremadura, y que significaba para mis padres, mis abuelos, mi familia. Extremadura siempre ha estado sola. Nunca ha tenido la gracia andaluza, ni la sobriedad castellana. Nunca ha reivindicado autonomía, ni ha levantado la voz para nada. Pero Extremadura fue capaz de mandar a conquistar el mundo y conquistarlo para España. Y de ocupar Hannover, Múnich, Oberhaussen, Dussendorff, Pinto, Fuenlabrada, Móstoles, Getafe, Villaverde, San Blas… fue capaz de mandar a su mejores hombres y mujeres jóvenes a crear riqueza allá donde hubo posibilidades de hacerla. Levantaron media Alemania de las ruinas industriales durmiendo en un barracón, medio Madrid durmiendo en una chabola, mientras los caciques de su tierra mantenían sus fincas improductivas, y los gobiernos subvencionaban parados en vez de crear industria.

Extremadura tiene todos los vicios de este país reflejados en deforme, exagerados, reales en su miseria sin novela de Delibes. (Delibes era de una pieza. Que bien le irían a España vallisoletanos como Delibes Raúl Soto y Marcos Placer) Caza y cerdos sigue en Extremadura llena de dones y doñas que te miran por encima del hombre cuando vas porque saben que tu abuelo, que tu padre eran nadie. Mi padre nunca fue nadie, menos que nadie, tan nadie como para darle una hostia al alcalde en el franquismo.

En estos días atrás, pasaron un documental sobre la guerra en Extremadura por la noche en la dos. Ya digo que nunca tuve ninguna añoranza o afecto regional a mi pasado. Es decir, al pasado de mis padres o de mis abuelos. Fue hace unos pocos años cuando vi por primera vez Las Hurdes/Tierra Sin Pan (1932) de Luís Buñuel, y cuando sentí la sensación de vacío que te queda cuando no te has dado cuenta de algo. Una de las últimas veces que estuve en el pueblo donde nacieron, y no se puede decir que crecieran, ya que en el caso de mi madre se vino a Madrid con 11 años a servir. A servir, como suena. Como se lee. Servir fue meterse en una casa interna propiedad de unos señores (a los que mi madre acabo queriendo mucho), a realizar todas las tareas propias de la casa. Tenía 14 años y debía ser alrededor de 1955. Los lunes libraba, y se iba con otras chicas que también habían venido del pueblo al retiro.

Decía que, una vez que estuve en Zorita (Cáceres), pude ver la casa de mis abuelos, los padres de mi madre. Era una habitación profunda sobre la que unas cortinas en el techo hacían de puerta para tres habitaciones. Una primera diáfana, con esas hendiduras en la pared de piedra a modo de estantería empotrada. La segunda estancia tenía una cama y era la habitación de los hijos, de todos los hijos, diez en total. Al final de los veinte metros cuadrados estaba la habitación de mis abuelos. En las paredes, una foto de “El Cordobés”, ya que mi abuelo era un mitómano. Claro que pensé ¿Como han podido vivir aquí todos estos?, mi madre lo consideraba lo más normal del mundo. Bajando la calle, tres puertas más abajo estaba la cocina. El shock iba in crescendo, la cocina no estaba en la casa sino tres puertas más abajo, bajando otras casas. No pude pasar porque había dentro unos familiares míos. No debía tener ni las dimensiones de mi cuarto de baño, estaba tan diáfana como la casa. No había nada de nada. Según me explicaba mi madre, allí se cocinaba en una lumbre que se hacía en el suelo y se comía del puchero que se colocaba encima. Mis abuelos sentados y el resto, de pie o como pudiese.

Al ver el documental terrible de Buñuel, descubrí que no mostraba una realidad muy diferente de la que habían vivido mis padres cincuenta años después. No había luz, y el agua se buscaba en pozos. Las enfermedades como la que acabo matando a mi madre, pasaban a la convivencia con resignación religiosa y estoica. Al morir mi abuela, en aquella casa no quedo nadie. Mi abuelo se vino a Madrid con sus hijos, que ya se ganaban la vida aquí. La casa de mi padre estaba mucho mejor. Mi abuelo y mi padre eran albañiles y sabían de construir y mantener casas. No sabían mucho mas de nada salvo de callar y agachar la cabeza. Cosa que a mi padre no se le daba nada bien y por la que durmió unas cuantas noches en el calabozo del pueblo por lo que contaba antes. Según me contaron mis tíos, una vez, a la salida del cine, el alcalde le tiro el puesto de pipas a una anciana porque le molestaba allí, en la puerta, y mi padre le regalo dos hostias al alcalde que también rodó por el suelo. Este conmino a los guardias que le acompañaban a que le pegaran dos tiros, parece ser que estos no le hicieron caso porque si no, yo no podría escribir esto. Tras unas semanas de trena en el ayuntamiento, el caso llego a oídos de un capitán del tercio, que era del pueblo. Lo que tardo el capitán en pisar Zorita, fue lo que tardaron en dejar libre a mi padre. Desde que me lo contaron, yo con mis amigos siempre aplico el código legionario. Con los amigos, tengan razón o no la tengan.

Nunca tuve el menor afecto a Extremadura. No tenía ningún atractivo. Ninguno. El otro día, el documental que presentaba Luís Pastor nos contaba la Historia de una región humillada y masacrada en la guerra, donde la violencia de la represión llegó a límites que no se conocieron en ninguna otra parte del país, tampoco en las que yo tanto admiraba hace unos años.

“La Calle De La Sangre” es el nombre por el que los más viejos pacenses aún conocen a una calle donde se mató a cerca de 4.000 personas, y por donde el plasma manaba como un rio en dirección a la plaza de toros. El terror fue subiendo con Yagüe camino de Cáceres, donde el ejército alzado y las tropas africanas también dieron cuenta de la población civil. Al verlo en la tele y aunque mi padre ya me había contado como fue la guerra en su región, me vino a la cabeza la asociación inmediata del documental de Buñuel, y mi visita a la casa de mi madre no hace más de siete u ocho años. Eso era el pueblo que mandaba a harapientos a conquistar el mundo. Un recorte verde y blanco y negro entre un mapa de autonomías folclóricas y simpáticas, ricas, pagadas de sí mismas, ramas del mismo tronco.



El fútbol. El fútbol me molaba y me sigue gustando mucho. Yo me hice de mi equipo porque me gustaba el traje. La camiseta lisa era muy sosa y me pedí por un cumple el traje del equipo de rayas. Me trajeron una camiseta de algodón con cuello redondo y un pantalón de algo parecido al tergal. La camiseta tenía unas rayas rojas y blancas, el pantalón era azul. Pregunte qué de que equipo era ese traje y me hice de él. Soy de él hasta ahora aunque muchos años estuve alejado del campo por esa máquina de insultar con métodos mafiosos que la presidía, y por la connivencia de este y de todos los demás presidentes con esos grupos de nazis que campan tranquilamente por los estadios con el apoyo de estos.

La primera vez que me llevaron sin embargo, fui al campo de nuestro rival ciudadano. Era un homenaje a Pirri y jugaban el Madrid y la selección española. El campo estaba en obras por el próximo mundial que se jugaba en España. Asomarte desde arriba a un campo de fútbol lleno solo es comparable con la primera vez que te masturbas. El tapiz de la hierba verde, los futbolistas, la afición… Me llevó mi primo Sisi y siempre, siempre lo recordare y le estaré agradecido. Me llevo después a muchos más partidos.

Entrábamos con un método castizo que ya no se estila y que me recuerda a las películas del gran Tony Leblanc. Es normal. Aquel Madrid estaba más cerca de lo que se ve en esas pelis que de lo que es hoy. Llegábamos al estadio, mi primo le hacia una señal al portero y enfilábamos la puerta con decisión. Una vez encarábamos al cancerbero, mi primo abría la cartera simulando enseñar un carnet y le soltaba un billete de veinte duros al portero. Ya estábamos dentro. Ahora a subir escaleras a toda leche de la mano de mi primo. Buscar asientos libres y sentarnos los dos mientras mi primo me daba un beso y un bocata. Mi primo Sisi es una de las mejores personas que conozco. Es pintor aunque trabaja en la EMT llevando el treintayocho. Canta fandangos bajitos y cuenta chistes malísimos que son los que más gracia me hacen. Siempre ha tenido la cabeza un poco loca y le ha gustado la juerga, el vicio, el juego. Pero también ha tenido y tiene un corazón como los campos de fútbol a los que me llevó de niño. Y además la juerga, el vino y el vicio nos gustan a todos. Solo es que a unos se les nota más que a otros.

El segundo partido al que fuimos fue ya en mi campo. Sentí el mismo orgasmo que la primera vez en Chamartín y además eran los míos. El Club Atlético de Madrid. Las rayas roji-blancas enfrente mío, con Rubén Cano, Dirceu, Artechembauer… Perdimos como una profecía de lo que me esperaba al hacerme colchonero. Perdimos con el insulso Borrussia de Dormunt. Un autentico don nadie. Al menos el Borrussia nos enseño a Mirko Votaba. Un lateral todoterreno que fichamos. Años después, cuando logre convencer a mi padre y ya me dejaban ir en el metro solo, mis padres me hicieron socio infantil del Atleti. Llegue allí una tarde y aunque me había dejado no sequé papel en casa, la señorita se apiado de mi al llevar una foto para el carnet, vestido con la camiseta del Atleti. Ya antes me dejaban ir al fútbol cuando los partidos eran por la mañana. Los domingos a las doce. Por el campo nos juntábamos una panda de aprendices de hincha sin un duro en el bolsillo, dando la brasa a los porteros para que nos dejaran colarnos en el descanso o al comenzar la segunda parte. Cuando el portero se apiadaba y te dejaba entrar, volvías a casa tan contento como si hubieras visto el partido entero. Venias de ver a Tu Atleti.

El fútbol es la droga más dañina de la sociedad. Nos tiene completamente agilipollados con el fútbol. Si los trabajadores dedicaran la cuarta parte del tiempo que dedican a hablar del fútbol, ha hablar de trabajo, de economía, de que hacen con el dinero, como lo ganan… No habría fuerzas de represión suficientes para parar una revolución. Todo lo que rodea el fútbol es mierda. Todo menos los aficionados que son los que lo mantienen. El fútbol une al rico y al pobre, al de la moraleja y al de Villaverde. Al chapista y al bróker. Todo alrededor de subnormales que no saben leer ni escribir, sin la más mínima conciencia de clase, que se compran un Ferrari y un chalet aislado con lo que ganan. Los presidentes son capos de las mafias de los terrenos que aprovechan los fichajes para lavar dinero y los estadios y terrenos para especular. Los ultras, delincuentes en potencia que agraden, y apalean con la connivencia de los clubes y la pasividad de la policía en los alrededores del estadio. Criminales a los que en su casa no se les permite delinquir pero en el campo y en grupo sí. Las televisiones, parte del sistema. Lo peor del sistema adormecedor de conciencias y generadores de pensamiento único, que manejas además a los hinchas con despampanante hipocresía. Todo en el fútbol de asco.


El mal rollo de todas estas cosas me hizo abandonarlo hace muchos años. Más o menos cuando cumplí los veinte. Hace dos años volví. Lo hice porque en la facultad conocí a un amigo y era del Atleti. Como yo era. Como nunca había dejado de ser y de ver por la tele y de preguntar por sus resultados. Con Juanlu volví a bajar al campo a ver al Atleti. Vamos al fútbol y aunque pensamos lo mismo de como esta, no niego que pasamos un buen rato con la previa, con el partido, y si es sábado, saliendo luego por la Cava a tomar vinos primero y pelotazos después. Vamos tres. Jaunlu, Sandres y yo. Es decir. Mis mejores amigos. No es una coartada de superioridad moral soltar este discurso. Es asumir que somos humanos, que nos gusta el juego, y que al fin y al cabo ir a un partido dos horas no es traicionar nada, si eres consciente de lo que hay detrás y de que fuera las cosas siguen exactamente igual. Y que es democrático también. Permite hablar a todo el mundo. Todos saben del juego y todos opinan de las jugadas, los jugadores, los partidos… Desde el que no tiene ni puta idea por más que ve partidos y partidos, hasta el entrenador de barrio que lleva a unos chavales y los tiene entretenidos. Tú encargado mamporrero también. En vez de preguntarle a la empresa cuando van a pagar los atrasos, porque además es el presidente del comité de empresa, te viene el lunes que si que golazo, que si que cabrón, que si qué partido.
Tú le pones cara de asco y sigues hablando con los demás, pero el venga a meter baza, hasta que el pelota de turno le echa una bola para meterle en la conversación. Entonces apuras el café, tiras el cigarro, y les dices: -Hala vikingos. Forza Atleti. Y te vas.

Pero hablábamos del pasado y Aun con todo esto, con traiciones, esfuerzos baldíos, fracasos y derrotas, la vida había dejado de ser ocre. El mundo ya no tenía el color triste de la transición. Madrid era verde y de colores incluso en invierno. No por la movida famosa de la cual no me entere. Pero si se respiraba otro aire. El aire indudablemente lo trajo Tierno. San Isidro era una sucesión de conciertos para todos los públicos. Todos los días tocaba alguien en Madrid durante quince días. En la Plaza Mayor, en el Pabellón del Real Madrid, en el palacio de los deportes. Grupos de la movida, cantautores, grupos internacionales. Madrid se puso en el mapa mundial y de qué forma. Madrid se hizo famosa en el mundo y aquí vino todo el mundo. Grupos y cantantes que no habían pisado nunca España, pintores, artistas… En Madrid se vivía rápido y los había que no dormían. La primera vez que fui a ver un concierto solo, es decir sin que fuera una fiesta-acto, fue a ver a Sabina a Las Ventas creo que en el 86. Fue la primera visita de Sabina a Las ventas. Ese año acababa de pegar el pelotazo con el disco en directo con Viceversa grabado en el Teatro Salamanca, y se disponía a convertirse en el héroe por excelencia madrileño. Con sus letras “modernas” y sus ripios, Sabina se convirtió en el cantante de cabecera de todo gato entre los catorce y los cuarenta años. Con pantalones de cuero y tirantes, Sabina nos canto canciones dedicadas a la ciudad y a la vida urbana que eran como cantarlas a nosotros mismos. Urbanos urbanos, no es que con 15 años lo fuéramos mucho. Éramos más bien colegiales que empezaban a tomar conciencia de que existían por sí mismos. Mis colegas y yo salíamos del huevo de la niñez y ya íbamos al rastro a por las cintas grabadas que vendían en los puestos. El pirateo entonces era masivo y legal porque Ramón-Ramoncín aun se dedicaba a cantar barriobajero y no le había dado por convertirse en ejecutivo. En el rastro tenias todas las posibilidades. La cinta original a cuatrocientas pelas o la cinta grabada con una fotocopia de la portada original, por doscientas. Mis colegas y yo ahorrábamos toda la semana y nos hacíamos la discográfica de Sabina entre todos. Yo pillo esta y tú la otra y luego uno que tenía un cassete con doble pletina nos las grababa unos a otros. A si fueron cayendo las cintas de Sabina.

Mis amigos siguieron entonces con las de Kortatu y La Polla, y yo continué con las de Serrat y un Aute del que no entendía nada. Mis amigos salieron punkis de pastelillo y yo hippie de pastelete con chaleco y chapas.


Dedicado al magnífico jugador sudaca, Faccione.

25.2.10

Entonces la gente salía a la calle porque había tejido social. Había pueblo. Había conciencia y no sé qué cuantas cosas más. Quizás salían porque no había dvds., ni Florentino Pérez, ni tantos coches. Había prensa de verdad. De todos los colores. Había asociaciones de vecinos. Trescientos partidos de la izquierda revolucionaria que acabaron en el soe. Que estaban subvencionados por el soe para debilitar al PCE con la pasta de Billy.

Había CNT. Estudiantes que estudiaban. No había yuppies paro estaban al caer. Los hizo el soe. Había mi padre y cientos en el barrio como mi padre dispuestos a creerse todo lo que dijese Carrillo. Todo lo que ordenase. Había tantos que el partido tuvo que abrir un local, no en cada distrito, sino en cada barrio. En todos los barrios, porque parecía que todo el barrio era del Partido. Al menos lo parecía cuando los sábados había cine o una charla con unas cervezas después. El local se llenaba cuando había algo. Sobre todo cuando había priva y comida gratis. Cuando hubo que hacer el local no eran tantos. Hacer quiero decir, construir. Levantarlo con las manos, darlo de yeso, pintarlo, alicatarlo, solarlo… Entonces solo eran tres o cuatro. Los albañiles del Partido. Mi Padre y cuatro más. Los demás o no tenían tiempo o eran intelectuales. Quizás el Partido estaba lleno de intelectuales y mi padre no lo sabía. Mi padre siempre se acordó de lo mismo. De los pocos que eran para trabajar gratis para el Partido y de los muchos que eran para tomar algo cuando el Partido invitaba.

Muchos años después me lo recordaría. O el Partido estaba lleno de gorrones, o comunistas de verdad eran cuatro, o algo no cuadraba. Se demostró después lo segundo. Comunistas que se lo creyeran eran cuatro. Los demás eran gorrones que no pegaban ni chapa y que acabaron ya saben dónde, poco a poco. En el 82, en el 89, en el 91, en el 96… No han dejado de irse nunca. A veces he pensado si no sería mejor que nos fuéramos allí todos de una vez, aceptar lo que hay y dedicarnos a ser felices. Cuando pienso eso, solo tengo que preguntarme si mi padre hubiera pegado carteles de Bono, de Solchaga, de Barrionuevo o del propio González. Antes que acabar así prefiero hacerme anacoreta como Fernán Gómez. Encerrarme en casa sin tele, sin Internet y sin hablar con nadie. Leyendo y viendo películas de Luis Ponce. Hay quien prefiere ser feliz sin dignidad, y hay quien prefiere vivir la vida cabreado e indignado por no ser indigno. Yo prefiero no ser indigno a mi padre. A Alfredo Gijón. A Abelardo Martín. A Paco Olmos. A Gonzalo Justicia. Al Chato…

Al poco de morir Tierno le montaron un concierto homenaje en el Paseo de Camoes. Yo ya me había chupado todos los festivales Anti-OTAN que se celebraron en aquellos años. Íbamos los tres. Mi padre, mi madre y yo. Recuerdo una enorme en la Ciudad Universitaria durante todo el día. Todo el día música, poesía y discursos. Los discursos eran el mayor coñazo de la tierra para un niño como pueden imaginarse. Aguantar el tirón ahora de pie, luego a caballito, después a hombros… El honrado pueblo se entretenía repitiendo la última silaba de la frase. “..Porque nosotros estamos por el desarme” arme, arme, arme…. “Porque queremos estar fuera”...era, era, era… Los conciertos estaban mejor claro. Oías música aunque por aquella época con nueve o diez, la música te la traía floja. Mi madre y yo acabábamos derrengaos de mitin, de fiesta y de todo, pero para el domingo siguiente, mi padre ya tenía preparada otra movida en compañía del señor Melchor, alter-ego de mi padre, que también cargaba con toda la purrela a las fiestas. De todas maneras yo ya tenía bastante experiencia política en actos. Ya mi padre, de manera bastante inconsciente, nos llevo a mi madre y a mí a la fiesta de legalización del Partido en Lavapiés. Un chocolate o algo así. Al llegar a la estación de Lavapiés mi padre se bajó a ver como pintaban las cartas, y efectivamente. Hizo bien porque pintaban bastos y nos mando de vuelta para casa. No sería la primera vez que yo saldría corriendo en volandas de su mano. Cuando no eran los maderos, eran los guerrilleros de Cristo rey, y cuando no fuerza nueva.

Yo no sé cómo este hombre se creía aquello de “autorizado” porque ya estamos legalizados con el que intentaba tranquilizarnos y convencer a mi madre. Claro, el Partido pedía movilización y eso significaba que teníamos que ir todo el Partido. El padre, la madre y los hijos. Porque si en una casa había un militante de El Partido, toda la casa estaba en El Partido. Una pena que los caballos de la pasma no fueran del Partido, porque era verlos correr a mi lado y morirme de miedo.


La primera fiesta, la de Torrelodones fue una demostración de fuerza y compromiso. Todo el fin de semana chorreando agua y un millón de personas caladas y contentas. Por supuesto que allí estuve yo. Salimos en unos autobuses que pusieron en Moncloa, creo acordarme, llegamos al barrizal y nos pasamos el día refugiados en una caseta. Pese a no poderse celebrar a gusto, la alegría, la emoción que aquella gente joven y mayor tenía en sus caras te tranquilizaba y te hacia aguantar contento el cansancio y el no enterarte de casi nada. No había, no hay partido político en España capaz de organizar una movilización semejante de gente. El soe intento hacer una fiesta de la rosa pero el trabajo voluntario no es el fuerte de sus militantes. No digo el PP, cuyos militantes van siempre con dietas a los sitios. Lo sé porque me lo dicen sus interventores de mi colegio.

A todo esto me alegro de haber estado en todas esas movidas. Yo he visto recitar a Alberti en su primera aparición pública en España desde la vuelta del exilio. He visto a Masstriani dirigir la palabra a los vecinos en el cine de mi barrio. He visto a Dolores en la Plaza de Vista-Alegre, cuando era una plaza de toros y no un centro comercial… Me mola más poder decir que he visto a Pasionaria porque me llevo mi padre de pequeño, que llevar a mis hijos a ver a los Rolling Stones en el caso de los que tuviera, como dice Ramoncín. Aunque solo sea por no hacer algo que ha hecho Ramoncín. Ramoncín es conocido ahora como algo repelente, pero en un disco suyo en directo empieza a gritar en euskera cosas que suenan muy raras. Alguien debería investigar que coño dice ahí.


para "los ocultos"

14.2.10

No me acuerdo cuantos años tenía yo cuando nos dieron el piso. Este piso desde el que precisamente escribo ahora. En pisos como este acabaron, están acabando muchos de los de entonces su existencia. Son los del único viaje. Pueblos de La Mancha, de Andalucía, de Extremadura-Palos de Moguer- Madrid. No más. Sueldo y vivienda de protección oficial de verdad, de las de antes previo paso por chabola en el barrio Bilbao, o por el Pozo con el cura Llanos en el extra-radio de la gran urbe, mientras hacían el Máster de Lumpen-proletariado a proletariado, gens sans feu et sans aveu.


Al llegar a San Blas, que al fin y al cabo es un barrio pegado al barrio Bilbao, yo seguía flotando en el sueño de los niños y tuve la suerte de que a mi amigo Agus, a su familia, la pusieran en el portal de al lado de el mío. Aun no subían coches hasta nuestra zona y se podía jugar a la pelota sin problemas. La mudanza la hizo mi tío Chicho que era el único de la familia que tenia coche. Al llegar aquí mis padres lloraron y se abrazaron y también con los vecinos. El problema era que aunque no hubiera coches, tampoco estábamos ya en el patio, tampoco era ya una comunidad segura y además vivamos en un noveno. Y creo que fui el único idiota en no utilizar el ascensor solo hasta que cumplí catorce años.


El barrio era una colección de pisos del estado. De pisos regalados como decía mi ex-suegra. Todos iguales y pintados de ladrillo feo para que se viera que eran de pobres. El piso era grande y sigue siéndolo porque es bueno. Porque antes se tardaba en hacer un piso seis años y no seis meses como tardan ahora y así salen.


San Blas eran unas casas en el cerro de la Vaca. O eso me contaron siempre, yo nunca he sabido donde está el cerro de la Vaca. No había nada, hasta que muchos años después de la infancia nos pusieron el hipermercado de droga más grande de Europa, y mi calle se convirtió en un continuo desfile de muertos vivientes camino a Los Focos. Esos espectros venían de otros barrios de la periferia. Del centro de la ciudad. De las zonas rojas y de las azules que ya no eran tales, sino zonas pijas donde los mayores del barrio tomaban copas disfrazados en Jácara.


Sin darnos cuenta, a los de esta zona, nos convirtieron en algo diferente. Poseer un trabajo, una tele en color, y después poder tener un video, transformo las zonas obreras y a los obreros en algo que ni ellos mismos sabían qué era.

Éramos lo que Felipe González quisiera que fuéramos. ¿Ciudadanos de la OTAN? …Pues ciudadanos de la OTAN. Éramos una movida. Éramos los descamisados que habíamos llegado a no se sabe dónde. Ese barrio sin condiciones, sin alma ni esqueleto, sin servicios, lo construyeron los vecinos a base de movilizaciones que es como se consiguen las cosas. Creando la asociación de vecinos más grande del país y poniendo a esos vecinos en la calle cada dos por tres. Huelga decir quién movía la asoci. Allí donde estaban mi padre y los amigos de mi padre, había tensión, objetivos, movilización, organización. Hoy la histórica asociación de vecinos languidece con un local cerrado que solo se abre para que algunos viejos del barrio bajen a jugar a las cartas. Alguien que se creyó que canalizar las ayudas a los vecinos era ser ministro de vivienda, malverso los estatutos, se perpetuo en el mísero poder de ser “presidente” de un movimiento vecinal y se cargo la asociación. Los paisanos, que no son tontos, se organizaron en otra asociación. “La Plataforma” que pronto movilizo otra vez a todo el barrio para la regularización de la vivienda. Hacer propietarios de sus pisos a quien los había habitado toda la vida. El golfo que había dejado morir la vieja asociación quiso entonces pactar y hacer elecciones con diez años de retraso. Eso sí, había que dejarle a el de presidente. Le mandaron a mamarla y allí sigue. Con un local cerrado y cuatro viejos que pagan una cuota por inercia. Cuota que no va a ninguna parte.


Rascando un poco más en la miseria humana, me daba cuenta que no solo los dirigentes podían traicionar a la militancia por colocarse para toda la vida. También gente que se pego en la vida plantándole clara al franquismo-fascismo, era capaz de bajarse del supuesto tren de la historia y cambiar de sentido en un deportivo rumbo a un adosado en la moraleja. El trapicheo con pisos era mucho más lucrativo para el bolsillo y el espejo que aguantar a los viejos plastas desdentados dando la brasa en el local con lo de siempre. Me empezaba a coscar que el temple especial podía ser quebrado por un maletín de dinero oscuro Que la abnegación y la disciplina no era un gen más que se tenía con el carnet del Partido. Muchos del partido demostraron ser tan rastreros como los demás. Algunos destacaron para hacer meritos en la batalla de tener menos escrúpulos. Además contra más fuerte fuera el portazo que pegaras al salir, mejor eras recibido en la casa común. El resultado que escribe la historia de toda esta gente, es que en un tiempo fueron ingenuos, románticos o jóvenes. Que luego maduraron y se hicieron responsables. Pero todos sabemos que un día se dieron cuenta de que conformarte con ser honrado y dormir tranquilo era ser gilipollas. Que el dinero se movía y que solo había que tener un buen traje para acercarse a él. Que algunos estaban dispuestos a engrosar sus filas con tránsfugas y chorizos probados. Que con su formación comunista estaban además mejor preparados culturalmente. Que la vida era para listos, como el fútbol.


No sabíamos que éramos aunque Guerra nos llamo descamisados. Mejor dicho, se lo llamó a Barranco. Una suerte de borrachín que puso el soe después de Tierno. Porque antes de ser descamisados con Barranco, fuimos lo más parecido a ciudadanos con Tierno. Hasta que el hombre se murió.


En el cole nos dieron la tarde libre para ir al entierro. La Almudena no pillaba lejos del cole y fuimos porque todos hablaban bien de él. En eso había unanimidad. Los de mi clase nos encaramamos a un edificio con cúpula para ver llegar la comitiva. Efectivamente. A Tierno le quería todo el mundo. Como no iba a ser querido viniendo de donde se venía. Tierno hizo de San Isidro una fiesta popular, porque aunque ahora no se sepa y no existan, una vez hace mucho tiempo en Madrid se celebraban fiestas populares y la gente, y los vecinos salían a la calle a celebrarla. También instauro verbenas por los distritos, por los barrios. Vimos llegar a Tierno en el penúltimo gran entierro que ha tenido Madrid. Quiero decir que la gente, ese pueblo al que siempre se apela y que es tan difuso, porque el pueblo era mi padre albañil, el chico mariquita del segundo, el nazi del cuarto que siempre llevaba gafas negras y que nos achuchaba al perro en la calle, y el anciano de las batallitas del tercero… salieron a la calle. Todos fueron a ver llegar a Tierno al cementerio del este. Colapsaron las aceras y la calzada. Los autobuses y el metro. Con él se iba el último eslabón de unión entre el soe y la izquierda. La postrera dignidad de lo que fue una vez un ideal y más tarde se convirtió en la gestión de victorias electorales dentro de este sistema-consejo de administración de las grandes fortunas y multinacionales.



Mi padre se acerco después de trabajar y me vine con él. Milagroso encontrarnos entre tanta gente sin móvil. Mi padre se acerco porque Tierno dejo la Plaza Mayor para que el bloque Anti-OTAN celebrase un mitin fiesta de fin de campaña, mientras el señor X y Barranco el descamisado, le buscaban hasta debajo de las piedras para que revocara el permiso. Tierno desapareció hasta el lunes dejando claro su pensamiento ante su partido y ante sus vecinos respecto a los yankees y el cambio de chaqueta de Felipe. Reegan, uno de los mayores criminales que ha dado la humanidad, le paso factura negándose a darle la mano en el ayuntamiento. No importaba. Ya estaba Felipe para chuparle todas las partes del cuerpo que hiciera falta para que se sintiera cómodo. Cuando llego Reagan, si que se lió una buena en Madrid. En Madrid se liaban entonces pardas cada dos por tres. La derecha no asomaba el ala. Ni estaba ni se la esperaba. Era impensable que veinte años después pudiera gobernar los veinte siguientes sin atisbo de perder. El pueblo salía por la OTAN, por esto y por aquello. Reagan sacó a los madrileños a la calle a protestar. “¿Cómo se llama el cerdo?, El cerdo se llama Reagan” cantaba la muchachada aquellos días mientras llamaba de todo a González, que ya estaba empezaba a oler, no iba a ser la gran esperanza blanca de la izquierda. No iba a traer el cambio prometido. No iba a corresponder a la ilusión del país. Ni a sus promesas. Ni a nada. González dilapido el mayor caudal de votos que ha dado este país en su historia a nadie. Poco a poco. Perdiéndolos elección a elección y girando más a la derecha a medida que los iba perdiendo. González acabo casi procesado por el caso GAL. González acabó como un chorizo por la financiación ilegal del soe. Con ministros a medio camino entre caudillos y golfillos analfabetos como Barrionuevo o Corcuera.


“Tantos Sis a favor. Tantos Nos en contra”-Barrionuevo dixit leyendo los resultados del referéndum por la OTAN. Barrionuevo acabo en el trullo por chorizo y criminal. Bonita forma de acabar el primer gobierno de izquierdas desde la guerra.

“Felipe aprende, Ortega no se vende” cantaba otra vez el pueblo en la calle cuando vino el Comandante Ortega. Nicaragua estaba de moda. El Salvador estaba de moda. Palestina estaba de moda. Chile estaba de moda… Todas las causas justas del mundo tenían su apoyo y manifestación correspondiente en Madrid. En Madrid se salía a la calle por lo que hiciera falta, y se salía de verdad. González colorado ante Daniel Ortega que intentaba calmar a las masas clamantes ante el lameculos de Felipe.


“…Aprende, Ortega no se vende” No se vende al yankee como hizo él en cuanto llego al poder. En realidad ya se había vendido antes. En realidad siempre estuvo vendido. Desde que nació. Desde que llegó al soe. Desde que abandono el marxismo. Desde que dijo que nos sacaría de la OTAN. Felipe era un sicario de la CIA y de Billy Brant. Felipe solo tenía por ideología el anti-comunismo militante. Cualquier cosa era válida contra el Partido Comunista. Desde dejarle sin grupo parlamentario, a llamar mierda a Julio Anguita.

Para Raúl Soto y Toni Kuratti.

14.1.10

Gil de Biedma

He visto la película de Sigfrid Monleón sobre Gil de Biedma y entiendo toda la controversia que está generando. La cinta pasa a toda velocidad por una vida densa y complicada, dando la sensación que fue un vuelo casi suave, de cama en cama. Apunta su fallida militancia en El Partido, nos muestra la panda de pijos que él capitaneaba llamada Gauche divine, y el fugaz romance con Bel, que a pesar de ocupar pocos minutos en la cinta, se dibuja de forma muy intensa. Quizás más intensa de lo que en realidad fue. No está mal Moyá, sobre todo porque todo el mundo lo esperará cuchillo en mano para despedazarle, quizás un poco exagerado el acento “bien” del poeta que a veces hace que no se entienda lo que dice. Me gusta como actúa Bimba Bosé y por eso hay que juzgarla. Lo que diga cuando se la entreviste es cosa suya y de lo ridícula que quiera parecer la artista integral. Creo que todos los que están opinando tienen algo de razón. Los que dicen que sólo salen camas y maromos con los que el protagonista se acuesta (no asustarse de un primer plano sin venir a cuento, al principio de la cinta), y los que opinan que así era su vida. Su vida sin duda fue así. Pero un rato. Y ese rato ocupa el noventa por ciento del metraje. El director sabrá porqué.

Es decir, hay que ver la película porque hay que darse un paseo por la vida de Jaime Gil de Biedma. Mejor dicho hay que aprovechar para darse una vuelta por su poesía, la mejor del siglo XX español. Y la cinta está poniendo de moda la vida y obra del poeta. Ayer vi la biografía de Miguel Delmau en la que se basa la película de nuevo en las estanterías de una librería incluso en una segunda edición. Me gustaría también la obra del poeta de nuevo reeditada y al alcance de todos en los mostradores, más que la historia morbosa y báquica del poeta. Porque su poesía no sólo es la mejor escrita, sino la más certera en el lenguaje y lo que es más importante: la más sensual, carnal, sentimental, en el buen sentido, y pasional. Algo que todos quisiéramos que llenara nuestra vida. ¿No?




De izquierda a derecha: Juan Marsé, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Ángel González y José A. Goytisolo.

11.1.10

(Cartas a un joven poeta)

París, 26 de Diciembre de 1908



…También el arte es sólo un modo de vivir, y uno, viviendo de cualquier manera, se puede preparar para él: en todo lo real se está mas cerca y más vecino de él que en esos irreales oficios semiartísticos que, reflejando una proximidad al arte, niegan en la práctica la existencia de todo arte y lo atacan, como hace todo el periodismo, y casi toda la crítica, y tres cuartas partes de eso que se llama y quiere llamarse literatura. En una palabra, me alegro de que haya superado el peligro de caer ahí y, solitario y animoso, esté, de un modo o de otro, en una realidad áspera. Ojalá el año que llega la mantenga y fortalezca en ella.



Suyo,

Rainer Maria Rilke.

A Iván Montero.

3.1.10

Una carta al director sobre Díaz Ferrán

Estos días se han publicado muchos artículos y cartas acerca de la idoneidad de Díaz Ferrán para continuar representando a los empresarios españoles. Al menos en la prensa de izquierdas que suelo frecuentar, la respuesta es unánime: no.

Para enriquecer el debate yo voy a decir que sí. Porque, ¿dónde vamos a encontrar un representante del empresariado español más típico y en sintonía con los empresarios patrios que uno que lleve a la quiebra a su empresa, no pague a sus empleados y deje tirados a los clientes? Y además, que se ponga chulo ante el presidente del Gobierno e invoque con admiración al político más liberal-a-tope: Esperanza Aguirre. Irresponsabilidad, falta de rigor y de profesionalidad, desprecio a los clientes, precarización e impago a los empleados y chuleo al Gobierno. Con un par de buenos pelotazos y un poco de fraude fiscal, ya tendríamos al perfecto empresario made in Spain. Así pues, y pese a que no me constan estos dos últimos elementos en el currículo de Díaz Ferrán, creo que podemos considerarle excelentemente cualificado para ser el primer representante de los empresarios españoles. La prueba es que ha sido ratificado recientemente por una gran mayoría de ellos.


F. JAVIER LÓPEZ ARIZA - Bruselas, Bélgica - 31/12/2009

Publicada en El País.

21.12.09

Los muertos

Mis padres estaban afiliados a Unión Previsora, una entidad dedicada a tramitar el paseo eterno sin que el finado y sus deudos tengan que molestarse más allá de decidir si quieren venerar polvo o huesos, en todo caso polvo al fin y al cabo. “Serán ceniza más tendrán sentido…”, puse yo en la lápida de mis padres. El eterno pago (desde que tengo uso de razón) de ese seguro, ya digo que me facilitó muchísimo las cosa, pero también me ocasionó un problema a un corto plazo que llegó el mes siguiente de la defunción paterna. El caso es que heredé el seguro y ahora, religiosamente, viene el cobrador cada dos o tres meses a casa a llevarse, sin rechistar, hoy mismo, 53 lulos.
El cobrador me llama antes para fijar una cita y que no le pase como en los primeros meses, que el hombre llegaba a casa y yo no tenía cash, como diría Carmen Lomana, diosa donde las haya del inframundo utilizando una expresión de la redacción de Mujer hoy. El problema es que el señor venía por casa y nunca me pillaba con dinero o yo no estaba o lo que fuera. Por eso, y porque además ya era conocido mío, decidimos que me llamara al móvil para quedar y que además, para no venir todos los meses a cobrarme 13 euros, espaciaríamos las citas para no estar encima mío siempre.

El resultado es que ahora me llama, me obliga a sacar dinero del cajero y viene a casa y se lleva una pasta. Inmediatamente después de irse a mí me entran unos ataques de ira que hacen a la Frida esconderse hasta que escampe. Me falto en mí ser, falto al ser supremo e increpo mi capacidad de juicio y todo lo que se menea. Inmediatamente después decido darme de baja de la mutua, cosa que nunca acabo cumpliendo y que olvido hasta dentro de tres meses que vuelve a llamarme el tipo al móvil. Proceso que termina cuando el cobrador vuelve a casa y yo le suelto un dinero que veo que se esfuma sin beneficio terrenal alguno.

Cuando mis padres vivían todo esto tenía sentido, y desgraciadamente lo tuvo, y me facilitó mucho las cosas. Pero para mí… ¿A mí que más me dará que me lleven o me pongan donde quieran?

Por eso he escrito este post. Para contar con ustedes. ¿Si dejo de pagar los muertos, podré contar con ustedes en el día definitivo? Yo lo veo simple.
Si casco en un hospital, puede ser más complicado, pero se podrá solucionar igual. Me meten en un coche y salimos corriendo de allí a un descampado en cualquier carretera y con leña y carbón, a hacer el viaje perpetuo como una tea.

Si fino en casa, todo sería mucho más fácil. Tranquilamente se llaman ustedes unos a otros y en un coche… también rumbo al descampado. A crepitar en busca de Caronte. Yo me imagino esta ceremonia báquica con todos ustedes bebiendo y celebrando alrededor de las llamas. Dando vueltas a la hoguera y cantando…”Look out kid
You're gonna get hit But users, cheaters, Six-time losers, Hang around the theatres, Girl by the whirlpool, Lookin' for a new fool, Don't follow leaders, Watch the parkin' meteeeeers”.

Eso sería lo que pudiéramos hacer el día que falte. Luego una vez las ascuas extinguidas… Me portarían ustedes varios, a La Riviera en sus bolsillos y aunque tocase Miguel Bosé me irían echando al suelo, mezclándose mi ser entre el gentío.

Si no puede ser a La Riviera, podíamos intentarlo en el Palacio de los Deportes, en las tascas de Ponzano, en La Latina, o en cualquier sitio lo suficientemente alejado de Calpower.

Después están ustedes invitados a mi casa y respetando a mi viuda, pueden repartirse booltles y demás morralla, dejando siempre elegir a don Sanders García, a don Antonio Kuratti y a don Luís Ponce Segura.

Si puedo contar con ustedes me lo hacen saber y la próxima vez que me llame el tío de los muertos, le mando al carajo. ¿Vale?

2.12.09

Y este pollo. Que dice lo que yo pienso y digo rompiendo el cesto de las chufas... El lo dice con gracia.

Si. Ya solo escribo en mi blog de poesía.

¿Porque?


Porque soy un poeta.

Sin embargo, hoy os deleito con esta foto.


Los curas. Esos grandes...

18.11.09

los arrantxales negros



Las mujeres de los marineros somalíes, secuestrados por la marina de guerra española, han dado una rueda de prensa reclamando el regreso de sus esposos.



Los marineros fueron secuestrados mientras registraban un barco pirata que había invadido la costa de Somalia. El barco pirara, al parecer con tripulantes españoles, navegaba bajo bandera desconocida, según descripción de los propios familiares, algo parecido a la Unión Jack, pero con colores vivos.



El secuestro se produjo por la fuerza y e inmediatamente fueron trasladados a territorio español donde al parecer van a ser juzgados por navegar en sus propias aguas y defender su pescado de buques pesqueros extranjeros. Hay que recordar que la pesca es de las pocas salidas económicas que tiene los habitantes de ese país, tras ser esquilmadas sus materias primas durante décadas por potencias extranjeras.



A la esperan de juicio, las mujeres de los arrantxales negros han reclamado su inmediata liberación y exigen a las autoridades de su país que manden fragatas a las costas del país del trapo de colores parecido a la Unión Jack. Sus maridos, en comunicaciones clandestinas, las han pedido al parecer que "hagan mucho ruido", ya que tienen mucho miedo y dicen que les mantienen encerrados e incomunicados en celdas individuales.



Están dispuestos a pagar un rescate en especies.

Imagen del secuestro.


6.11.09

El barrio Bilbao son calles con nombres de pueblos y ríos vascos, que aparecen a la derecha de la calle Alcalá a la altura de Quintana y Pueblo Nuevo según subes hacia la Cruz. La Cruz era la Cruz de los caídos. Ese barrio era “zona roja”. Del otro lado de Alcalá a la misma altura, esta el barrio de la Concepción. “Zona nacional”.

Los guerrilleros de cristo rey y fuerza nueva, eran unos tipos que no se porque, siempre iban cargados de cadenas y no podían pillarte por su barrio porque, generalmente en connivencia con la policía, te podía caer la paliza del mes sino te conocían. Por eso te pegaban. Ellos se conocían todos. Esto me lo contaron los mayores del barrio años después. Cuando eso sucedía, la Joven Guardia Roja y las juventudes de El Partido, hacían un reclutamiento por los billares del barrio y subían hacia el otro lado de Alcalá con palos.

La cruz de los caídos era un monolito con una cruz dedicado a los caídos por Dios y por España, que había en Ciudad Lineal. Allí se organizaban pardas. La ultraderecha salía cada dos por tres ha hacer un homenaje a los caídos, pedir más mano dura a la policía, gritar rojos al paredón, y dar de hostias a todos los que no conocían, para variar. A quien venía de trabajar y salía del metro hacia su casa, o a quien esperaba al autobús. A quien pasaba... Al día siguiente cualquiera de los muchos crepúsculos revolucionarios que entonces había, cubría el monolito de pintura roja y proclamas comunistas. Uno de estos grupos podían ser los G.R.A.P.O. Curiosamente nacidos en el mismísimo corazón de la “zona nacional” del distrito. El instituto “Obispo Perelló”. Uno de sus militantes más activos es el hoy intelectual sin carrera de la derecha, Pío Moa. Tengo un libro suyo en casa de aquellos tiempos. “….” A ver si me acuerdo de mirar en la próxima feria del libro si firma, y me acerco a que me lo dedique de camarada a camarada.

Mientras esto sucedía yo reinaba en el patio y de vez en cuando me escapaba de él. Una vez me echaron en falta y organizaron una batida por las calles adyacentes. Me encontraron intentando comprar un chupachus con unos cincuenta céntimos en un comercio de Llanos de Escudero. Claro que entonces todavía teníamos los céntimos. La perra gorda, la chica. Los billetes cinco pesetas.


Por ese barrio Bilbao subíamos mi madre y yo por las tardes hacia un bar que hacia esquina en Alcalá con Emilio Ferrari. Allí esperábamos a mi padre que se bajaba del metro en Pueblo Nuevo. Llegaba mi padre, se tomaba una caña y bajábamos hacia nuestra infravivienda. Si. No lo había dicho antes, alguien que tiene que ir a por el agua de una fuente solo puede vivir en una infravivienda. Esto no debería crear ningún asombro puesto que hoy en Madrid, en el siglo XXI siguen existiendo. Las hay en la celsa. En San Fermín. Por la M-40, en la cañada real,… hay cientos. Los biempensantes dicen que les interesa vivir ahí para trapichear con las drogas. Es mentira, claro. Como todo en lo que se justifican los biempensantes. Los socios de las ONG´S que apadrinan niños en áfrica, los pichas-flojas vamos. Nosotros no vivíamos en allí porque trapicheáramos. Vivíamos allí porque mis padres llegaron allí. Porque era lo que había y se podían permitir.

Allí, mientras bajabas hacia al barrio te podías cruzar con Simón que viva en Ascao, cuando no en Carabanchel. Mi padre le saludaba con un apretón de manos contento de que se supiera su nombre y Simón me acariciaba la cabeza con cariño. Yo también le tenía cariño a Simón. Le tenía afecto porque mi padre le saludaba con mucha estima y ese señor de sonrisa franca, con cárcel y tortura entre pecho y espalda, que era político, aunque yo no sabía bien que era eso, se paraba con nosotros y podía invitarnos a una caña. Simón un día le dijo al policía que le hostigaba y agredía en un áspero y violento interrogatorio: "¿Cómo puede ser usted comunista si parece un señor? Pues muy sencillo: -yo lucho para que, en el futuro, nadie pueda hacerle a usted lo que usted me está haciendo ahora a mí". Le contesto Sánchez Montero. Así era Simón Sánchez Montero y así eran los pocos comunistas que yo conocía entonces. Un batallón de personas normales que primero cumplían en su trabajo los primeros y después estaban a lo que dijera El Partido. Creo que a Simón le dieron una medalla cuando murió. Los gobiernos progresistas son así. Primero te combaten toda la vida. Cuando te derrotan te ignoran y ningunean. Y cuando mueres hablan bien de ti y te condecoran.

¿Se imaginan una medalla de manos de Bono o alguien así? Nada debe dar más asco en el mundo que recibir una medalla de Bono. Si a mí me dieran una medalla del gobierno o del Rey, como a Sabina, no me negaría a recibirla. Esperaría a ir a por ella y aprovecharía para tirársela a la cara cuando me la dieran. No entiendo como Marcelino ha aceptado sus medallas y las lleva a orgullo, pero creo que algo no funciona bien en Marcelino desde hace tiempo. Quizás desde que dejo el sindicato en manos de Antoñito el guapo. Y de eso hace ya demasiado tiempo. Un día también hablare de Antoñito el guapo. De Almeida. De Ribó. Al fin y al cabo esto es un ajuste de cuentas con el tiempo.

El tiempo. El estado de un viaje. Tiempo. Espacio en el vacío, quizás espacio de poder que acaba en el vacío. Es la abstracción de un lugar que les deja en este perpetuo presente. ¿Es cultural esta interacción de la experiencia? ¿Es literalidad? ¿No es la literalidad una convicción cultural? ¿Una convicción del lenguaje? ¿De qué lenguaje? Es tiempo muerto edificado sobre mis recuerdos.



Simón y Santiago Álvarez saliendo del trullo

31.10.09

No recuerdo si aun había tranvías cuando yo llegue aquí. La calle era un camino donde yo jugaba a la pelota con mi padre. Mi padre llegaba de trabajar sobre las 7 de la tarde. Se levantaba a las 5 para ir otra vez a la obra, aunque a veces iba a las 12 de la noche. Yo entonces no sabía a donde tenía que ir a trabajar cuando era la hora de acostarse. A mi padre le recogía un coche en un punto del barrio y le llevaba a otra parte de la ciudad. Allí recogían a un señor muy importante que se bajaba de otro coche para montarse en el que iba mi padre y este, le llevaba a otro punto de la ciudad donde se bajaba y se montaba en otro. Vaya chocho de trasbordos de coches. Mi padre nos contaba esto al día siguiente y yo le preguntaba si era taxista de noche. Una vez cumplido el servicio se iba a trabajar sin dormir. Así los dias que hiciera falta. Cuando el servicio no era a un tal Santiago, era a otro. Y cuando no la excursión nocturna era a pegar carteles o a hacer pintadas. Todavía hay una en el polígono industrial donde trabajo. “Carrillo libertad”, pone. Años después se que mi padre tuvo suerte. La policía nunca intercepto ninguno de estos servicios, y de ninguna manifestación vino herido. Incluso me traía pelotas chamuscadas de goma maciza. Pelotas que mi madre prudentemente me retiraba de los juguetes al otro día porque podían hacer daño. Podían hacer más que daño. Tiradas desde un fusil podían y lo hicieron, abrir la cabeza a un tío y matarle. Todo lo más que le paso a mi padre fue ir detenido a Sol en un autobús de la policía y llevarse una somanta de hostias. Al día siguiente le soltaban porque no era un dirigente y no tenían sitio para tanta detención. Mientras unos hacían estas cosas, otros estaban en su casa tranquilamente durmiendo. Se tiraron durmiendo cuarenta años y luego despertaron intentando pactar que se quedaran fuera de la fiesta los despiertos. Los que habían estado preparando el party, precisamente. Les salio mal porque todo el mundo parecía haber estado despierto y el Duque sabia que no se podía hacer nada sin ellos. Como podían intentar dejar fuera a tíos que podían estar una semana sin dormir pegando carteles si se lo pedía El Partido. Esos tíos pacíficos, padres de familia, obreros manuales, albañiles, estudiantes… Esos tíos podían poner el país boca abajo si se lo pedían. Y además no necesitaban ni una asamblea, ni una explicación, ni hacerse una pregunta para hacerlo. No lo hicieron y quizás tuvieron que haberlo hecho aunque eso sea fácil de decir ahora. Hoy, Herrero De Miñon reconoce tranquilamente que el sistema electoral esta proporcionalmente diseñado para desactivar la fuerza del Partido Comunista. Para que el voto desperdigado por provincias no tenga ningún efecto si es poco, y una fuerza desproporcionada si se concentra. De nada sirve tener dos millones de votos en toda la nación, si se tienen apenas cien mil en una provincia. Carrillo pacto aquello y mando a Sole-Tura a firmarlo. Hoy son padres honorables de nuestra constitución. Hoy están los dos en el soe. Una constitución que ni siquiera cumplen y que cuando sale alguien diciendo que no quiere la revolución, que no quiera una nueva carta magna, que lo único que a lo que aspira es a que se cumpla la que tenemos con ella en la mano, le llaman loco, Mesías e iluminado. Lo único intocable de la constitución es la libertad de mercado, la corona, y la indisoluble unidad de la patria. Lo demás se lo pasan por el forro. Tranquilamente. Si el más mínimo sonrojo.

Al poco tiempo, muchísimos de los que habían estado trabajando despiertos por la noche, se pasaron al bando de los que pasaron los cuarenta años durmiendo placidamente por la noche. En realidad la mayoría también había estado durmiendo por la noche mandando a los obreros ha hacer la noche. Eran los tiempos del famoso cambio de chaqueta. Una frase que se hizo famosísima cuando yo era pequeño. Hoy en día se sigue produciendo aunque lo llaman, “abrirse a la sociedad”, “modernizarse”, “no quedarse anquilosado en el pasado”, “ser útil”. En realidad quiere decir colocarse. Traicionar y cobrar por ello, porque aquí Roma sí paga traidores. Y el chorreo de traidores no ha parado desde que tengo uso de razón. Lo hacen porque quieren tener un coche oficial, un sueldo que su mediocridad nunca les permitiría. Quieren saber hablar de vinos, de puros. Quieren vivir estupendamente y no tener preocupaciones. En realidad es fácil. Se auto convencen de los grandes servicios que prestan desde su despacho, o pactando mientras comen en restaurantes caros con sus teóricos enemigos. Así se avanza. Se es más práctico, se consiguen más avances. Saben que es mentira. Saben que solo avanzan ellos. Que somos el país en el que más paro hay de Europa y en el que los salarios son más bajos. Saben que no se nota en nada la alternancia. Que estamos en Canovas y Sagasta. Que la televisión nos entretiene. Que cambian cromos. Consejos de dirección. Direcciones generales. Ministerios. Saben que al fin y al cabo trabajan para lo mismo. Hacen lo mismo. Son lo mismo.

Cuando llegamos a San Blas empecé a ir al colegio. El cole estaba en un camino en medio de mi barrio y Vicalvaro. Eran tres barracones prefabricados para pequeños, medianos, y mayores. El camino salía de la Avda de Guadalajara y se adentraba por el campo. Recuerdo un frío polar.